Las demoliciones de Carter

El
alcalde de La Florida Rodolfo Carter cumplió lo prometido y demolió dos
casas de narcotraficantes, usando las atribuciones que le entrega la
Ley General de Urbanismo y Construcciones (LGUC) cuando las viviendas
son levantadas sin permiso como era este caso.

Apenas
el Carter anunció la medida, se colgó un cartel en una pasarela de una
avenida importante que lo trataba de “sapo”. Luego le llegaron amenazas
de muerte, diciendo que una bala tenía su nombre. El diputado Jaime
Naranjo calificó la medida como un “show televisivo” y lo mismo hicieron
algunos analistas políticos y usuarios de redes sociales. Personalmente
creo que esta demolición fue una medida acertada por dos razones que
explicaré en esta columna. La primera se refiere al “control
territorial”, que es la base del negocio del narcotráfico. Estos grupos
se instalan y crecen cuando logran dominar manzanas o barrios,
impidiendo que el Estado o las empresas funcionen con normalidad. En
este contexto, la medida de Carter es muy importante porque muestra a un
municipio, que forma parte del Estado, tomando acciones concretas para
recuperar territorio. Por ello la primera reacción de los delincuentes
fue amenazar de muerte al alcalde para que se repliegue nuevamente y
ellos puedan seguir ampliando su “área de mercado”.

En
segundo lugar la demolición entrega una señal importante para los
vecinos que viven con un narco en la cuadra, es decir, con existen
soldados armados para cuidar el lugar o transportan y almacenan droga.
¿Qué haría usted en esta situación sabiendo que los llamados al 133 ya
no generan ningún efecto?. Probablemente aplaudiría la demolición. La
sentiría como una luz de esperanza de que el Estado aún funciona y que
no rige la ley del más fuerte. Sería un cambio de tendencia, respecto a
la indolencia de políticos y autoridades que han permitido que el cáncer
del narco avance sin control capturando y matando a niños y jóvenes.

Esta
realidad no se percibe desde los barrios acomodados donde viven los
miembros de la elite política, económica y cultural de Chile, que como
vimos en otra columna, se concentran en unas pocas comunas de Santiago.
En sus cuadras no existen disputas territoriales a balazos. Tampoco
funerales narcos, ni balas locas que matan a niños o lactantes. Las
escuelas y consultorios no están blindadas y las plazas se pueden ocupar
sin temor a que un soldado reclute a sus hijos. Quizás por esta
burbuja, intelectuales, politólogos y autoridades han mirado esta
demolición como una medida populista que no “resuelve los problemas de
fondo” que tomarán un tiempo más largo que ellos pueden esperar por la
tranquilidad de su entorno. Pero esta no es la realidad de la mayoría de
los chilenos que están representados en La Florida. Para ellos el
tiempo se terminó. Necesitas respuestas ahora. Requieren un Estado más
ágil y decidido para combatir el narcotráfico o para controlar la
migración, la delincuencia, la mala calidad de las escuelas o las
enormes listas de espera en consultorios y hospitales.

La
mayoría de los políticos reconocen esta situación y dicen que se debe
avanzar en paralelo, creando una división artificial entre lo “urgente” y
lo “importante”, como si no fuera importante vivir sin un narco de
vecinos. Otra analogía que usan es la necesidad de “Caminar y mascar
chicle”, aunque en los hechos se concentran solo en lo segundo. El
camino de las grandes reformas es mucho más cómodo y acogedor. Nadie
será amenazado a muerte por armar una comisión constituyente, y estas
discusiones es elevadas permiten pasar horas pensando en alianzas,
estrategias y otras expresiones de onanismo electoral.

En
Chile ya no tenemos ese tiempo. Los problemas que aquejan a la mayoría
se están rebalsando y la paciencia de los votantes se está terminando
como lo muestran varias encuestas. Por eso, con todos los reparos que
pueda tener la demolición de Carter, la señal política que entrega el
alcalde es muy relevante. Le dice a los malos que no seguirán operando
con impunidad y le entrega a los vecinos una señal que las cosas pueden
cambiar en un tema tan sensible como el avance del cáncer del
narcotráfico.

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