Las derrotas en el triunfo

El
gobierno de Gabriel Boric se inicia con muchas esperanzas y
expectativas sobre las cuales el Presidente tiene que tomar importantes
decisiones. En pocos meses el Presidente electo colocado en un tránsito
histórico pasó de ser el representante de ideas que renegaban contra
todo lo establecido con desconfianza en todos los partidos a un
socialdemócrata que en segunda vuelta entendió la importancia para la
gente de conceptos como unidad política por sobre todas las diferencias,
equilibrio fiscal para gobernar y estabilidad social para poder vivir
tranquilos. El Presidente por ningún motivo debe convertirse en una
continuación de la Concertación y la Nueva Mayoría, pero debe asumir que
gobernar con consensos y acuerdos no es lo mismo que ser de derecha
mientras la primera opción sea evitar la pobreza y avanzar en justicia
social y oportunidades para superar realidades.

Avanzar
en unidad es fundamental para concretar los cambios estructurales que
requiere con urgencia nuestra sociedad. La unidad más amplia posible es
vital para superar el 25,8% que representa Apruebo Dignidad (que podría
ser un 13% si se considera la participación en primera vuelta). Las
conversaciones para otorgar sustentabilidad al gobierno y su programa
deben ser institucionales para evitar fragmentaciones e invasiones que
podrían generar escenarios no deseados. Pese a ello el Presidente de
igual forma deberá conversar con los partidos de derecha para acordar la
agenda legislativa. Lo que tanto cuestionó el FA podría ser la única
alternativa para concretar el programa.

El
Presidente electo debe asumir también las derrotas. Ninguno de nosotros
puede quedarse impávido ante la votación de un candidato de
ultraderecha. Una parte importante de la población que apoyó el
estallido social de octubre de 2019 y que masivamente votó por una nueva
Constitución sin duda se inclinó por la opción de seguridad de Kast y
la promesa de prosperidad de Parisi. Una derrota para la actual
oposición que, enfrascada en autodestruirse, en arrogarse la
representación del pueblo, en teorizar a su conveniencia el estallido
social, dio paso al populismo, al debilitamiento de la democracia y el
fortalecimiento de las antiguas tesis de la derecha pinochetista. Una
derrota que nos hace retroceder en representación a octubre de 1988.

Los
proyectos de retiro de los fondos previsionales apoyados decididamente
por los partidos de oposición y todos sus candidatos presidenciales
terminó ratificando la tesis fundamental de las AFP: los fondos son
individuales. Cada chileno y chilena en Chile tienen la convicción hoy
día que los fondos les pertenecen a ellos y a nadie más. Sin duda una
derrota ideológica para los que creemos en la solidaridad y los fondos
colectivos. Un desafío importante de cara a los electores será impulsar
un nuevo sistema de pensiones, ya que el programa del Presidente electo
propone cambiar el modelo de capitalización individual por un modelo de
capitalización colectiva, que exige un componente de reparto intra e
intergeneracional. El diálogo puede ser áspero y los apoyos pueden
debilitarse muy tempranamente.

Un
nuevo Chile está por desplegar sus primeros pasos y los equilibrios que
logre harán que avance con seguridad. Desde la conformación del
gabinete hasta la selección de prioridades legislativas del primer año
serán temas trascendentes los próximos días. La bajada del árbol puede
ser dura.

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