En la campaña
presidencial del año 2021, el entonces candidato Gabriel Boric hizo en
la segunda vuelta un acusado giro desde las posturas que defendió en la
primera vuelta, de manera que se habla hasta hoy de un Boric de primera
vuelta y uno de segunda vuelta. Este casi radical cambio le permitió
ganar un electorado que le fue muy esquivo por sus posturas maximalistas
y claramente ideológicas. En temas como la seguridad, las pensiones, el
sistema económico, entre otros, se pudo apreciar un cambio importante
que evidenció nítidamente las contradicciones vitales del entonces
candidato presidencial. Queda para muchos y hasta hoy la duda de si esos
cambios obedecieron a una convicción y reflexión profunda o si sólo se
trató de una maniobra electoral sin sustrato verdadero.
Ya
como Presidente de la República los cambios de postura que expresa
públicamente se suceden con tanta frecuencia que muchos dudas de su
capacidad real para gobernar, mientras otros la celebran estimando que
es producto del aprendizaje necesario de una persona joven e inexperta a
cargo del gobierno. Su presidencia en estos diez meses de gestión ha
estado cruzada por las ideas que profesa y la realidad que se le impone
crudamente, compitiendo ambas entre sí por prevalecer; habitando un
cuerpo y una mente que dadas estas contradicciones difícilmente puede
estar en paz. Cierto es que los mandatarios se ven siempre en el trance
de gobernar aplicando sus ideas o gobernar haciendo lo posible dadas las
circunstancias que le ha tocado vivir, sin embargo, con el actual
Presidente estas contradicciones son más dramáticas lo que termina por
generar inestabilidad en el país.
Los
indultos que el Presidente otorgó y que tanto y justificado revuelo e
indignación han causado, es posible categorizarlos en este estado de
cosas. Mientras por un lado hace un llamado casi pontificio a la paz y a
un acuerdo nacional por la seguridad y la lucha contra la delincuencia,
en el mismo momento y casi como si no tuviera conciencia de sus actos,
permite por su propia y exclusiva decisión que delincuentes quedaran en
libertad, ante el estupor de las víctimas de los hechos delincuenciales
que cometieron. Son las dos caras de La Moneda, que ponen en tensión
innecesaria y en democracia a Poderes del Estado como no se había visto
desde hace cincuenta años, lo que ya es mucho decir. Así, mientras
promete perseguir a los delincuentes y arma una mesa de seguridad con
los partidos políticos,
con la otra mano firma indultos para que delincuentes queden libres.
Son las dos caras de La Moneda, como antes ocurrió con el candidato
Boric de primera y de segunda vuelta.
Un
razonamiento tan antiguo, pero no menos certero, nos dice que las
excusas agravan la falta. ¿De verdad el Presidente Boric no tuvo a la
vista todos los antecedentes al momento de otorgar los cuestionados
infultos? ¿De verdad que cuando decidió por sí y ante sí indultar
nominativamente, que es la facultad constitucional que tiene, no revisó
los antecedentes ni preguntó quiénes eran las personas a las cuales les
iba a conceder su gracia? En el caso del indultado Mateluna expresó con
profunda convicción que hubo irregularidades en el juicio por el cual
fue condenado, lo que pone de manifiesto que sí revisó los antecedentes y
que sí sabía a quién estaba indultando, de manera que no parece
verosímil que respecto de los demás indultados no tuviera los
antecedentes a la vista para tomar una decisión.
El
Presidente de tanto en tanto deja escapar al revolucionario y ultra que
lleva in pectore, mientras imposta la vestidura de mandatario.