Las
drogas siempre han generado debate y son punto de interés respecto de
varios temas. Desde hace una década se registra una tendencia al alza en
el consumo en Chile, pues dicho porcentaje subió a casi 37%, y, según
las últimas cifras, a un nuevo máximo histórico de 43,2%. Estos números
surgen en medio de la discusión pública sobre la conveniencia de
legalizar la marihuana. Son numerosas las propuestas de legalizar el
autocultivo y dejar de calificar la marihuana como droga ilegal, en
sintonía con los cambios que se impulsan en otros países. Quienes están a
favor profundizan sus argumentos en que los costos asociados a la
adicción de algunos serían contrarrestados por los grandes ahorros de
recursos públicos que se conseguirían al dejar de perseguir penalmente
su consumo y tráfico, los ingresos por impuestos y
los menores riesgos en seguridad, propios de su comercialización
clandestina, y en salud, que un mercado regulado se supone lograría. Y,
por el contrario, hay amplio consenso sobre lo negativo que resulta su
consumo por parte de menores de edad. Al predecir qué ocurriría en Chile
de regularse como droga legal es la trayectoria que ha tenido la venta
regulada para adultos y prohibida para menores de otras sustancias,
tales como el alcohol. Según las últimas cifras, seis de cada 10 menores
declaran haber consumido alcohol en el último año, y más de un tercio
de los escolares en
el último mes. De esa forma, se confirma que en Chile persisten
desafíos importantes en hacer valer las normas existentes, por una
parte, y en el despliegue masivo de programas preventivos eficaces. Por
eso es bueno el debate y poner en la balanza de la legalización si
estamos o no preparados con una adecuada implementación de políticas de
Estado.