Desde
el 18 de octubre del año 2019 hemos escuchado cómo se ha instalado la
necesidad de un nuevo comienzo, donde correcta o erróneamente se le
atribuye a la Constitución la responsabilidad de terminar con los
problemas del país y a su vez establecer las soluciones.
Todos
sabemos que era necesario otorgarle a la ciudadanía una respuesta a las
demandas sociales, demandas justas que requieren de cambios profundos,
partiendo por la Carta Magna. La propuesta dentro del acuerdo de paz
buscó, justamente, llegar a un punto común, converger en un hito
histórico que permitiera comenzar a rearmar la historia del país, y así
llegamos al plebiscito, con una participación ciudadana sorprendente y
una votación que llegó más allá de todas las predicciones. Más del 80%
de los votantes manifestó su voluntad de contar con una nueva
Constitución, la cual redactarían los convencionales constituyentes.
Y
así llegamos al 4 de julio de 2021. Momento que, con todo lo ocurrido,
reviste otro gran hito para nuestra historia republicana, momento que
viene a reafirmar la democracia, en donde 155 personas asumen con
responsabilidad el rol que la ciudadanía les entregó a través del voto
popular.
A
pesar de que un grupo minoritario quiso empañar el momento, este se
pudo llevar a cabo de acuerdo con el protocolo, pero dejando un sabor
amargo de lo que ciertos grupos quieren instalar, porque lamentablemente
hay personas que no entienden que la ruta democrática constitucional
sigue en marcha, y se sienten con el derecho a no respetarla,
tergiversando hechos e inventando escenarios de violencia creados por
ellos mismos, pero que, sin duda, nuestro Gobierno no permitirá.
Es
necesario mostrar que las instituciones se respetan, que los protocolos
existen para cumplirlos y que todo atisbo de delincuencia será frenado
por aquellos hombres y mujeres que trabajan para resguardar el orden
público y la seguridad de todos y todas. No creemos enemigos donde no
los hay y no victimicemos a quienes solo han trabajado por vulnerar
nuestro Estado de Derecho. No confundamos a la ciudadanía pidiendo
indultos a quienes han sido condenados por el Ministerio Público y los
Tribunales, confiemos en la justicia y en nuestras instituciones, ya que
son ellos los encargados de dictar sentencias.
Hoy
más que nunca necesitamos capacidad de diálogo y de acuerdos.
Requerimos de espacios en los que todos y todas nos sintamos
representados, de modo de construir el país de las próximas
generaciones, un país con menos brechas, más justo, más equitativo.
El
éxito de la Convención Constitucional es el éxito de todos los
chilenos/as, donde están establecidas las reglas que definirán a nuestro
país; por lo tanto, nuestras expectativas deben apuntar a un trabajo
eficiente, con altura de miras y sabiduría para aceptar las diferencias y
llegar a consensos.
Espero
que Elisa Loncón en su rol de presidenta de la Convención
Constitucional y Jaime Bassa como su vicepresidente logren el liderazgo
necesario para un trabajo serio y responsable, que respete el mandato de
la Constitución, recogiendo nuestras tradiciones republicanas y los
valores que se han construido a lo largo de nuestra historia.