Según
datos de la Encuesta Nacional de Salud (ENS), una de cada cinco
personas tuvo una enfermedad mental durante el año 2020; después de
meses de inestabilidad social, cuarentenas, confinamiento y desempleo,
las cifras son aun más dramáticas. Lo que se nos viene durante
los próximos años en cuanto a atenciones de este tipo será realmente
impactante. Y los más afectados serán nuestros niños y adolescentes. Una
reciente columna de André Le Foulon Rothe, presidente de la Fundación Patronato Madre-Hijo, señala explícitamente
un estudio reciente financiado por la Universidad de Columbia y
realizado por investigadoras del CEP junto al Patronato Madre-Hijo, en
el que se encuestó a beneficiarias de nuestros Centros de Salud Materno
Infantil en cuarentena de Santiago y Valparaíso, que lo
confirmó: cerca de la mitad de las madres evidenció un aumento en
sintomatología depresiva. En este contexto, los que más se resienten son
los niños, pues los síntomas de ansiedad, irritabilidad y la depresión
del cuidador principal impactan en su desarrollo integral.
Lamentablemente, ya se observan los efectos: en este mismo estudio, casi
el 70% de las cuidadoras reconocieron un notorio empeoramiento en el
comportamiento de sus niños desde el inicio de la pandemia. André Le
Foulon Rothe señala además que “al
trabajar en conjunto con terapias sicológicas y siquiátricas hemos
observado en corto plazo una evolución positiva de las mamás: mejora su
autoestima, la confianza en su rol como madres, son más cariñosas, menos
ansiosas y con más esperanza de salir adelante. Así fortalecen el
vínculo con su hijo, incentivando el desarrollo de sus capacidades y con
resultados significativos en su evolución. Hemos comprobado, además,
que la atención en salud mental a las madres puede prevenir situaciones
de maltrato a sus hijos”.