Las mutaciones del virus

Hemos
comenzado a acostumbrarnos al nuevo estilo de vida, viendo como el
virus que nos afecta ha ido acomodándose a las circunstancias y
procurando sobrevivir e imponerse a los remedios que buscan destruirlo.
Una situación compleja, donde podríamos darle el carácter de
inteligencia a algo que no podemos ver, pero que sabemos que anda por
allí.

Esta
mutación es como la vida misma, la que evoluciona de manera tal que nos
refleja a nosotros como virus mismos. Somos los seres más imperfectos
de la naturaleza y debemos aprender a convivir con nuestros defectos,
egoísmos, orgullos y limitaciones. Pudiendo mejorarnos, por nuestras
condiciones, vivencias, experiencias y grupos sociales en que nos
vinculamos, no lo hacemos y, por el contrario, nos alejamos de aquellos
que promueven solidaridad, como si fueran la enfermedad y no el remedio.

Lo
mismo pasa con las ideas que se esparcen por el mundo y que, de acuerdo
a las condiciones de cada individuo, les identifica y potencia en su
desarrollo personal, familiar y social. Lo normal es que las ideas se
vayan adecuando a las realidades, porque nada es perenne y por más que
se quiera encasillar a las personas, absolutamente nada asegura la
permanencia de ciertas condiciones en el tiempo. La vulnerabilidad es
parte de nuestra existencia y nadie puede tener por consolidado lo
experimentado un día respecto de otro. Somos muchos los que debemos
aceptar reacondicionar nuestro futuro conforme a variaciones que no
están en nuestro poder decisorio ni en el ejercicio de nuestro libre
albedrío. Cuando se trastoca una existencia uno se encuentra obligado a
reorientarse tal cual lo hace un velero frente a las cambiantes
condiciones del viento en un mar tormentoso. No hacerlo terminará
forzando el andar, estresando los cuerpos y fracturando las almas,
llevando a la autodestrucción o a trizas que quedarán expuesta por
siempre. El daño no es solo al que lo padece, sino también a los que los
rodean. Insistir en la invariabilidad de una posición puede llegar a
ser patológico, más cuando hay quienes se niegan a aceptar la realidad.

Quienes
han generado un precepto de vida dejaron que otros las interpreten y no
siempre ha sido de la mejor manera. Ya lo vimos con la simpleza de La
Palabra y el ritualismo de un catecismo riguroso que, interpretándola a
lo largo de dos milenios se alejó de ella y que, en el último tiempo, ha
propiciado un rechazo generalizado a todo lo divino.

No
hay vacunas para destruir una idea, salvo la ignorancia. Aquella que
lleva a cada ser humano a sentirse parte de un sistema que los obliga a
vivir encasillados, sea por defensa de sus riquezas y privilegios, por
el “qué dirán” los parientes, amigos y colegas de profesión, por
obedecer ciegamente órdenes superiores, por la necesidad de mantener el
poder conseguido, o por insistir en mostrarse como los únicos
conocedores de la verdad.

La
variante Delta es como la readecuación social y política que se está
viviendo en estos días en nuestra nación. No hay salida posible y nos
obliga a estar atentos. Desde el estallido social, la tranquilidad que
vivía la derecha económica de nuestro país se remeció y, a partir de
allí, se ha visto turbada y ya no será la misma. No faltaron los que
pensaron en irse del país, pero ¿adónde? El Covid nos ha enseñado que no
hay paraísos en el mundo y que el mejor lugar para estar es en nuestro
propio hogar y desde allí comenzar a readecuar nuestras vidas. Las
ideas, salvo las aberraciones que se vivieron a mediados del siglo
pasado, no matan a la gente como lo ha hecho esta pandemia y que nos ha
puesto a todos en igualdad de condiciones. Son muchas las pérdidas
sufridas y es lamentable tantos posibles aportes truncados.

Estamos
llamados a readecuarnos a las nuevas ideas que están pululando. Debemos
estar atentos y con apertura de mente para entenderlas, para
solidarizar con la vecindad nacional, para entregarnos con decisión y
energía en la incidencia que puedan tener nuestras posiciones y mensajes
y no dejar que un bravo y dudoso discurso nos pueda desorientar. Ya
comenzará el proceso constitucional y, a pesar del fatuo interés de
algunos actores externos de querer intervenir en los constituyentes,
estamos todos expectantes del resultado que saldrá de allí. Será la
vacuna para sanar a nuestra sociedad y la esperamos con ansias.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS