El
Departamento de Estadísticas e Información de Salud publicó un informe
donde se indica que se han notificado 111.649 casos de Covid-19 entre la
población entre 0 y 18 años de edad, lo que equivale al 4% de los casos
totales. ¡Sí!, los niños se contagian y, aunque en menor proporción que
los adultos, muchos experimentan la enfermedad con gravedad, tanto es
así que casi 2.300 requirieron hospitalización y lamentablemente 81
niños, niñas y adolescentes han fallecido.
El
año 2020 mayoritariamente los menores de 18 años estuvieron protegidos,
pero desde que aumentó la movilidad por vacaciones y retorno a clases
la tasa de contagios en esta clase etaria ha aumentado
significativamente. El año 2021 en apenas tres meses concentra el 40%
del total de los casos en menores de 18 años, evidenciando claramente
que la exposición de los menores ha generado una posibilidad de mayor
riesgo a su salud y vida que no se tuvo el 2020. Las cifras son claras y
el Gobierno debe asumir que las medidas implementadas han sido
equivocadas, apresuradas y riesgosas. Las niñas, niños y adolescentes no
pueden ser solo una estadística y debe ser nuestra principal prioridad
evitar que ellas y ellos sean víctimas de este virus.
Hace
pocos días nos enteramos de un brote de Covid en el Liceo Salesiano San
José de Punta Arenas. Las alarmas se prendieron y la preocupación se
instaló en los apoderados de todos los establecimientos educacionales de
la región. El seremi de Educación se limitó a decir: “Esta situación se
produjo en una actividad recreativa fuera del establecimiento
educacional”, como si la posibilidad de contagio en los colegios fuera
una suerte de generación espontánea. En todo contagio alguien trae el
virus desde una fuente externa y lo disipa. Así ocurre en los hogares y
asimismo en las escuelas, por eso el Liceo San José y el Colegio
Greenhill se suman a una larga lista de establecimientos educacionales
con contagios en Chile.
Hasta
ahora el Gobierno unilateralmente ha definido el retorno a clases con
una supuesta voluntariedad, pero forzando el escenario. El Colegio
Médico ha señalado que “el retorno a clases presenciales debe ser una
prioridad para nuestra sociedad, pero para ello hay condiciones
epidemiológicas que deben existir”. Por supuesto que es fundamental que
se retorne a clases presenciales lo antes posible, pero cuando aún el
virus circula libremente y sin control en Chile (y sin contar nuevas
cepas) es indispensable, a lo menos, preguntarnos ¿es seguro en este
momento volver a clases?
La
condición del virus de Magallanes es más una entelequia política que
una realidad sanitaria. Nada de raro entonces es que Natales retroceda a
fase 2 y Punta Arenas vaya en la misma senda. En este escenario,
aumentar la movilidad de menores, padres y transportistas productos del
retorno a clases parece ser una mala medida. A pesar de que se tomen
todos los resguardos sanitarios (y que los menores los respeten), la
mera permanencia en lugares cerrados por mucho tiempo aumenta el riesgo
de contagio. Si queremos poner los niños y niñas primero sería apropiado
y más seguro retornar a clases presenciales solo cuando los efectos de
la vacunación disminuyan la circulación viral y la tasa de contagios. Y
eso recién debería ser en unos meses más.