18
de octubre de 2019. La fecha nos remonta al denominado “estallido
social”. Posteriormente, con el pasar de los días, las movilizaciones se
mantuvieron, además de saqueos a centros de abastecimiento, destrucción
de infraestructura crítica, mobiliario público, violencia descontrolada
e inseguridad. Desde ese “clima social”, que tuvo su epicentro en la
Plaza Baquedano de la capital (y rebautizada por los manifestantes como
“Plaza Dignidad”) se levantaron una serie de personajes que hoy vemos
ejerciendo en la Convención Constituyente tales como la reconocida “tía
Pikachu”, además de otros insignes próceres quienes, agrupados en la ex
Lista del Pueblo (actualmente “Pueblo Constituyente”) venían con la
prédica de cambiar y reemplazar las formas y el ejercicio tradicional de
la política por una de mayor probidad y tantos otros atributos propios
de una delicada y endeble superioridad moral.
Y
digo tanto delicada como endeble porque, a la fecha, la Convención no
ha sido sino (y en palabras del ex presidente uruguayo José “Pepe”
Mujica) una genuina “bolsa de gatos”: desde que asumieron se han
dedicado a dar espectáculos deleznables todas las semanas, solicitando
constantes aumentos en las asignaciones, con afirmaciones tales como
“estamos pasando hambre”, “tenemos frío”,
“no nos alcanzan las remuneraciones (perciben una cifra de 2,5 millones
de pesos líquidos mensuales, sin considerar asignaciones), entre otras.
El nivel de las discusiones también ha sido deplorable pero quizás lo
más llamativo ha sido el desmembramiento de los otrora paladines de las
buenas práctica y autodenominados representantes “del pueblo”.
A
la fecha son cerca de 10 los convencionales que se han bajado del
“Titanic Popular” dejando en minoría a una facción que sólo se ha
dedicado a desilusionar a quienes, tanto por esperanza como por supina
ignorancia, les respaldaron en las urnas. Y quizás una de las
decepciones más graves, más delicadas, más deshonestas, más impropias
corresponde al emblemático convencional Rodrigo Rojas, más conocido como
“Pealo Vade”.
Recientemente,
en una entrevista concedida a un medio de circulación nacional, el
“Pealo Vade” confirmó, afirmó, ratificó y dejó en evidencia una de las
más grandes mentiras del último tiempo: que nunca había estado enfermo
de cáncer. Esto, sin lugar a dudas, ha sido condenado por casi todos los
sectores (“casi”, porque desde la izquierda, ex lista del pueblo y
pueblo constituyente han mantenido un pasmoso y vergonzoso silencio).
Sobran
las imágenes, videos y entrevistas donde este icónico personaje, que de
hecho es uno de los vicepresidentes (sí, leyó bien) de la Mesa de la
Convención Constitucional, habló de su “enfermedad”. Incluso fue un
partícipe activo en las protestas ocurrida en Santiago y en sus redes
sociales montó un show grotesco de imágenes y otros donde “luchaba
contra su enfermedad para reivindicar la lucha social del pueblo”.
Lógicamente
que este escándalo está lejos de terminar y de hecho (quizás) es sólo
la punta del iceberg recordando, por ejemplo, lo ocurrido con el ex
candidato presidencial Diego Ancalao, también de la Lista del Pueblo, a
quien se les descubrieron cerca de 9.000 firmas establecidas ante
Notario. Algo nada de raro, salvo que el “Notario” ante el cual firmaron
está muerto hace rato. Y si alguien se pusiera a revisar las firmas
recabadas por los candidatos de la Lista del Pueblo, presentadas ante el
Servel para competir por escaños en la Convención, lo más probable es
que nos encontremos más de un bochorno. Algo que, curiosa y muy
malamente a estas alturas, deja de ser tanto paradójico o anecdótico,
sino que sólo acrecienta la frustración, pesadumbre y desafección de las
personas con quienes están llamados a representar nuestras ilusiones,
ideas, aspiraciones, anhelos y objetivos.
Un
llamado también, por cierto, a la responsabilidad de personas –
votantes a abandonar la ignorancia, informarse y reflexionar para no
volver a caer, nunca más, en cantos de sirenas que terminar decantando en estanques de pirañas hambrientas.