Si algo ha caracterizado este segundo mandato del presidente Piñera, especialmente a través de sus entes económicos (destacando el caso de Corfo y el liderazgo de su VPE, Sebastián Sichel) ha sido la tarea de llevar a Chile al desarrollo en la siguiente década. Pensar en esto implicaba, primero, cambiar el clima y hacer las cosas bien. Los resultados hasta ahora son evidentes: se ha ido recuperando el ritmo de inversión, las expectativas de crecimiento duplican las cifras de los últimos cuatro años -alcanzando el 4% el año 2018, reposicionando a nuestro país nuevamente como líderes de la región. Qué duda cabe: Hoy en día existe un mucho mejor clima para nuestras empresas y su desarrollo en Chile. En este escenario, en los países en vías de desarrollo, el resultado que tengan las pymes en estas fases de expansión económica es clave. Donde la matriz productiva es altamente dependiente de presiones o variaciones económicas, son las pymes las que permiten agregar diversificación y adaptabilidad a los mercados. Como bien ha dicho el Presidente Sebastián Piñera, no hay mejor política social que el crecimiento, ni tampoco hay mejor política de crecimiento que aquella que promueve la innovación y el emprendimiento. Mayor equidad también significa un mejor mercado; con más actores, inundado de emprendedores e innovadores. Un mercado que se hace equitativo por la libre iniciativa de miles de chilenos desarrollando sus planes de vida y negocios. Esto implica condiciones más justas para las pymes -pago a 30 días y modernización tributaria-, fomentar la incorporación de nuevos actores en el ecosistema, potenciar los ecosistemas regionales de emprendimiento y sus capacidades, estimular la activación de redes y coordinación entre actores, y sobre todo, nuevas formas de acceso al crédito y el financiamiento. Hemos aprendido que podemos agregar valor si entendemos la vinculación estratégica entre financiamiento y la generación de capacidades. Por eso debemos simplificar las formas en que las empresas acceden al financiamiento y acelerar el proceso de transferencia tecnológica. Chile lleva la delantera en el ecosistema latinoamericano del emprendimiento (5° lugar mundial en cuanto a actividad emprendedora según GEM 2017, por ejemplo), y contamos con una fuerte heterogeneidad a nivel de pymes, emprendedores y ecosistemas de emprendimiento e innovación a nivel regional. Queremos que nuestras empresas sean exitosas, de su éxito depende la calidad y profundidad de nuestro desarrollo.