Cuando
el año pasado hablábamos de lo importante que era el cambiar nuestra
Constitución pensando en el futuro de nuestro país, lo hicimos con el
convencimiento de que luego de 40 años, Chile había cambiado de tal
manera que era urgente el reformar nuestra Carta Magna, que lógicamente
–y como muchas cosas– había cumplido su misión principal de darnos
estabilidad institucional.
Chile había cambiado y eso era más que claro.
Luego
vinieron una serie de procesos donde se lograron grandes acuerdos,
planificamos un plebiscito para modificar la Constitución y se siguió el
camino institucional que cualquier país democrático lo haría de esa
manera. Llegó el día de la elección de los constituyentes, con una
amplia mayoría para la oposición del Gobierno, y se empezó a trazar el
inicio de la recta final de este proceso.
Pero en la semana, nadie quedó indiferente con la carta firmada por 34 constituyentes electos de la Lista del Pueblo
que comenzaron a desconocer las reglas del juego que fueron aceptadas y
avaladas por todos lo que participamos en la construcción de este nuevo
marco institucional.
¿Qué
pretenden tratando de imponer normas que no van en la línea de lo que
se ha planteado desde siempre? Si sabían cuáles eran las reglas, ¿por
qué las desconocen ahora?
Cuando
nos jugamos por el Apruebo en base a los acuerdos del 15 de noviembre,
lo hicimos pensando en que íbamos a transitar hacia una nueva
Constitución, más moderna y acorde a los tiempos que estamos viviendo en
Chile y los cambios que supone que debe vivir nuestro país de cara al
futuro.
Pero
cuando aparece un grupo de constituyentes, elegidos de forma
democrática, tratando de saltarse normas, buscando imponer criterios y
apelar a instalar por vía constitucional una serie de normativas que no
tienen nada que ver con sus atribuciones, me parece no solo grave, sino
que también muy peligroso para nuestro país y su futuro.
A
estos constituyentes no se les debe olvidar que su principal misión es
redactar una nueva Constitución y no legislar porque esa obligación, es
potestad de los parlamentarios que también hemos sido elegidos
democráticamente. La Lista del Pueblo debería centrarse y velar por
modernizar el país de cara al futuro con nueva carta magna.
Los
constituyentes electos no tienen facultades para exigir o tratar de
imponer modificaciones a las reglas previamente acordadas. Si postularon
a la convención fue en el marco de reglas previamente establecidas y
tienen la obligación moral de respetarlas
Ellos conocían las atribuciones de un constituyente al momento de ser candidatos, por lo tanto, creo que ahora tratar de quebrar ese espíritu es totalmente antidemocrático.
En
Chile ya hemos vivido quiebres democráticos –y de eso debemos sacar
conclusiones– por lo que empezar a utilizar un lenguaje más cercano a la
instalación de una dictadura, creo que no es el camino correcto porque
se supone que son personas más jóvenes, con ideas nuevas y que buscan
refrescar la política; pero con este tipo de declaraciones, se asemejan
más al viejo estilo de hacer política, de la que reniegan muy duramente.
Mi
llamado es al diálogo, sentarse a debatir, lograr acuerdos, pensar en
el futuro de Chile y tratar de escribir una nueva Constitución sin
buscar saltarse ninguna regla democrática porque eso puede significar un grave quiebre para nuestro país.