Las riendas de la Asamblea Constituyente

Está
claro que la clase política aún no entiende lo que pasó el 15 y 16 de
mayo recién pasados. Sigue adormilada en su propia burbuja intentando
conciliar y entender dos procesos muy distintos vividos esos días: el
político y el constituyente. Cada grupo quiere capitalizar para su
sector los resultados, procurando alinear ideológica e idealmente a sus
intereses lo que cada constituyente representa al interior del contexto
general. Nadie quiere asumir sus pérdidas e intentan justificar
diferencias mínimas para potenciar sus propios desafíos. Están muy
equivocados, y eso les pasará las cuentas una y otra vez. Lo mismo pasa
con los medios, que se han olvidado de la condición más importante de
los resultados y es que la mayor parte de los electos son
“independientes”. Basta de tratar de atribuírselos, pues la condición es
mayor que lo que estamos acostumbrados a ver dentro del hemiciclo del
Parlamento. Esto es totalmente distinto y los que nos presentamos como
tales, y principalmente los que forman parte de los 155, no estamos en
condiciones de olvidar los orígenes, pues hacerlo sería un agravio para
quienes nos votaron y que se sienten frustrados por la forma de hacer
política como se ha llevado hasta ahora. Dijimos en más de alguna
ocasión que la existencia de tantos candidatos provocaría una dispersión
de la votación y eso sería en beneficio de un principal sector, pero no
podemos desatender que si no fuera por esa altísima cantidad de listas
los resultados habrían sido distintos. La gente prefirió largamente a
quienes no militaren en partidos políticos, y de no ser por esa falta de
claridad y de visión nuestra región habría tenido a tres representantes
del apruebo, y todos habrían sido independientes. Pero bueno, de nada
sirven ahora los “habrían”. Es lo que tenemos y lo que resultó. La
compensación se dio en los demás distritos que impidieron que se logre
el dominio de un sector sobre la comunidad completa, y eso es lo que
resulta ser más importante para todo lo que se nos viene. Ahora vendrán
los procesos más delicados: el establecimiento del reglamento interno,
la determinación de concurrir a las regiones para verificar y empatizar
con sus realidades, el tiempo que se les dedicará a las discusiones de
sala y de comisiones, la participación de terceros que querrán hacerse
oír en el hemiciclo para proponer o imponer paradigmas o falacias, entre
otras. Se deberá resolver sobre los costos asociados a quienes deberán
concurrir desde las regiones a la Asamblea: alojamientos, distancias,
etc. Sin duda serán cosas que se discutirán para que no exista un nuevo
proceso de discriminación y falta de equidad, pues el domicilio de los
que viven en la capital les alivianará naturalmente su gestión. Hoy nos
encontramos a las puertas de un proceso que nadie puede querer
apropiárselo para sacar ventajas, donde hay muchos que quedamos en el
camino, que nos preparamos con acuciosidad para enfrentarlo y que no
queremos quedar al margen de aportar para la discusión, para aglutinar
ideas de la ciudadanía y contribuir a la teoría y aplicación práctica de
lo que queremos se plasme en el texto final. Hay energía y un honesto
interés de que lo que podamos entregar procure perfeccionar todo lo que
se llegue a discutir y conseguir, y estamos dispuestos a ser
canalizadores de esa voluntad popular y a la vez detractores de aquellos
que, como siempre, buscarán la oportunidad de generar terror en la
ciudadanía. Comienza una lucha ideológica que tendrá muchos ribetes y
que deseamos y aspiramos sea la impulsora de un nuevo Chile, el que nos
merecemos.

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