Uno de los pocos homenajes a la lucha de las mujeres por causas importantes se vio en la televisión en estos días. Los demás siguieron marcando sus ratings con pseudo referentes hablando aberraciones sin nadie capaz de enfrentarle. Los que se hubieran atrevido fueron despedidos. ¿Cuál es la intención detrás de esto? Sin duda es la búsqueda del equilibrio: aducen que Viña 2020 fue para la izquierda y el Apruebo y entonces hay que utilizar los matinales y farándula para mostrar el otro lado. El temor está en sus mentes tal como lo muestra la película. Y se ve en las redes sociales, WhatsApp y Facebook de manera enfermiza. Logran su cometido porque de tanto en tanto, comienzan a aparecer comentaristas del terror que se han comido el manjar dado, sin ninguna reflexión. Temen a las urnas como al coronavirus y contagian su peste. Siempre se avanza lento porque hay un sector que busca que nada cambie y así no perder privilegios añosos de tradición, herencia o abolengo. Como en los años previos a 1928 en Inglaterra en que la descalificación de la mujer estaba por el solo hecho de serlo y negarle la dignidad de ser humano, hoy es la misma cuestión. El esfuerzo y el sacrificio llevó a unas cuantas valientes a obtener el reconocimiento al voto igualitario y, a partir de allí, muchas leyes tendientes a nivelar la cancha que, como siempre, aún está llena de surcos, piedras y trampas. Nos encontramos hoy, simplemente, con una situación similar. Cómo entonces se muestran indignados gritando que han dado mucho y que el pueblo es desagradecido y lo quieren confundir a cambio de migajas. Permiten que los medios prioricen violencia por sobre el proceso plebiscitario y, de a poco, se va olvidando el sentimiento principal del 18 de octubre. La perseverancia y la claridad deben primar en estos días. Da lo mismo si fueron mil o dos millones las que marcharon el domingo. No perdamos el tiempo en ese juego y centrémoslo en los mensajes, que parece nadie quiso mostrar. Lo importante es que “esto prendió” en cada pueblo y ciudad. Se levantó orgullosa la voz del cambio de paradigmas, que busca mejorías y que, al igual que en el Festival, le muestra a quienes se quedaron pegados en las botas militares, que Chile despertó y que quiere un cambio, y que este cambio será para bien. Basta de ridiculizar el proceso, basta de atentar contra él. Las calles sirvieron de parlantes de un pueblo que sufre y su voz nace de sus vientres: el futuro del país.