Formar
una opinión no es nada fácil, bueno, en realidad en estos tiempos es
peligrosamente posible… Vivimos bajo el imperio de la información, a
cada momento recibimos alguna noticia: el accidente, el incendio, el
robo, el portonazo, la lluvia, la nieve, en fin, cada cosa que sucede
llega, de alguna u otra manera, a nuestras manos y, la mayoría de las
veces llega por el rumor, lo que dijo éste de aquél, ella de él o no sé
quién, pero lo dijo… Ante tanta información, la contradicción es que nos
informamos menos, vivimos del rumor, de la noticia falsa, de la opinión
ligera, de la publicación en redes sociales que (lamentablemente) damos
por verdad, de tanto personaje opinando (como yo y todos los
columnistas que aparecen), entregando un punto de vista, un parecer,
pero que en ningún caso es la verdad… Para acercarnos a los hechos,
debemos dejar la superficialidad, el comentario ligero que tanto abunda
por estos días. Con cierta sorpresa, me llegan a diario distintas
opiniones acerca del proceso eleccionario que viviremos obligatoriamente
en septiembre en donde votaremos sólo por dos opciones: aprobar y
rechazar. ¿Pero usted está realmente informado? ¿Ha leído el texto que
se presentó como definitivo y que será nuestra Carta Magna? ¿Ha hecho el
ejercicio de detenerse y leer el documento?… Espero que sí y si no,
hágalo, analice, revise lo que este texto propone, porque ante tanto
interés creado estamos siendo bombardeados con noticias que no son
ciertos. He leído el texto anterior y el definitivo, puede usted estar
de acuerdo o no, puede considerar que hay ciertos elementos
cuestionables y me parece absolutamente válida su postura porque (cosa
cada vez más rara), hay que respetar la opinión ajena, distinta a la
mía, a la de los demás, pero tenemos que instalar el respeto, la
tolerancia y no la descalificación, el ataque mal intencionado, la
crítica sólo porque alguien tiene una opinión distinta… Lo peor que nos
ha pasado en términos de educación cívica y ciudadana, es aceptar como
propias ideas que no son ciertas, que sólo son interpretaciones que
aceptamos como verdades absolutas sólo porque vienen de alguien que
coincide con mis ideas y, obviamente, caemos en el dogma, es decir,
aceptamos como incuestionable lo que provienen de mi sector: me van a
quitar mi casa, me la van a expropiar, no existirá la propiedad privada,
se acabará con el sistema de educación subvencionada, tendremos un
único plan de salud, no tendré libertad para elegir la educación de mis
hijos y se coartan todas las ¿libertades? (como si las tuviéramos)
habidas y por haber… Que un delincuente podrá postularse a cargos
públicos (nos olvidamos que se votó dos veces por un prófugo de la
justicia que fue presidente, un prófugo de la justicia), nos olvidamos
que tenemos parlamentarios que han cometido fraudes, que han sido
comprados (tal cual) por los grandes intereses económicos, nos olvidamos
que nos cagaron con los pollos, el papel confort, leche, gas, precio de
los medicamentos y cuanta cosa que no sabemos y que nos afecta a
diario… Nos olvidamos que los bancos cobran verdaderas usuras por
créditos de cualquier tipo y nadie dice nada, nos olvidamos de nuestros
honorables que han sido acusados y que por pagar y llegar a acuerdos
extrajudiciales siguen en el Parlamento como si nada, nos olvidamos de
cómo Penta y Soquimich tiró plata a cuanto político se le atravesó para
seguir lucrando con el beneplácito de una clase política que -cuando se
vio acorralada-, cerraron filas y no hubo ni izquierdas ni derechas para
salvarse el pellejo y llegaron hasta el descaro de darse el lujo de
mandar para sus casa hasta el Fiscal Nacional ¿y sabe qué?, amparados
por una Constitución que avala, permite y normaliza que en nuestro País
se puede hacer trampas, robar, engañar, abusar, que no tengamos una
salud decente, educación gratuita, viviendas dignas, una vida digna… Una
Constitución que permite el atropello de la dignidad, que no reconocía
la diversidad, los pueblos originarios históricamente golpeados, una
Constitución que avala que un árbol de palta tenga más derecho al agua
que una persona, una Constitución que ampara que privados sean dueños
del agua (único país en el mundo), una Constitución escrita por unos
pocos que limitaban a la mayoría para mantener los privilegios de los de
siempre en donde usted ni yo tenemos cabida, en donde usted y yo somos
expulsados de playas, ríos, lagos que nos pertenece a todos, pero que en
realidad pertenece a los más ricos de nuestra Patria… La diferencia
entre tener “acceso” a la educación, vivienda, salud, dignidad es
bastante más diferente a tener “derecho”, algo que en cualquier país
decente de estipula y se respeta. Ante tanta mentira y desinformación
desatada, no nos queda otra que leer, leer, leer… Por favor, averigüe,
infórmese de verdad, no crea todo lo que aparece en redes sociales
porque está lleno de mentiras. Lea, infórmese de verdad. Para todos como
siempre, un abrazo.