En
muy pocos años Carabineros de Chile, ha pasado a ser una de las
instituciones más desprestigiadas del país, desde el “Paco Gate”, hasta
un joven que fue lanzado por un puente; desde la muerte de un artista
callejero en Panguipulli, hasta un joven boliviano golpeado, muerto y
abandonado en las afueras del Servicio Médico Legal de Calama.
La
policía en un Estado Democrático, constituye una institución clave,
fundamental para que el conjunto de la ciudadanía pueda desarrollar una
vida normal, siendo una institución clave para la vida en democracia.
¿Cabe preguntarse
si la crisis está en la institución o fuera de ellas?, esto es en los
temores que dejó una institución militarizada que fue la mano visible de
la dictadura en la represión y la muerte. En esta perspectiva su
desprestigio comenzó antes y no fue suficiente un cambio de Ministerio.
Una
institución que cumple labores tan disímiles desde el control del
tránsito, prevención de la criminalidad, auxiliar de la Administración
de Justicia y el control fronterizo. Sumar a esta institución el
control de identidad, que no es sino una forma encubierta de detención
por sospecha, no ayuda. Por el contrario, importa entregarle una cuota
importante de discrecionalidad para ponderar quien puede pasar ese
cedazo o no.
Los
casos de abuso en el uso de la fuerza, desconocimiento o desprecio por
la normativa vigente que regula el uso de las herramientas disponibles
por las fuerzas para el resguardo del orden público, una enorme cantidad
de lesionados graves (en muchos casos, con daños irreversibles, como
son todas aquellas lesiones que han implicado pérdida de ojos o de la
visión), hasta muertes. Hay, por último, pero no menos importante,
investigaciones abiertas y denuncias periódicas por prácticas
constitutivas de tortura, ya sea física, psíquica o sexual, por diversas
unidades y en diversas dependencias policiales, cuarteles o vehículos.
En
la Región de Magallanes, tenemos recuerdos muy distintos , conocemos de
la dura y comprometida vida en la frontera, de los tiempos en que los
niños pedíamos permisos para jugar la pichanga en la cancha de la
Comisaría. Una de las consecuencias del centralismo es importar a la
provincia un discurso que no tiene que ver con nuestra realidad, quizá
si una de las reformas necesarias tenga que ver con esa necesaria
identidad que la policía debe tener con su comunidad. Carabineros de
Chile, en la Región de Magallanes, ha tenido un rol desatacado,
otorgando en su tiempo las certezas mínimas que se hacían necesarias
para permitir la vida en comunidad, en la frontera, donde durante
décadas el Estado, era el gran ausente. Lo mismo puedo agregar de la
vida de Carabineros en la Región Aysén, donde hay localidades que se
sabe que son chilenas por el pabellón de Carabineros.
La
ciudadanía no está en contra de Carabineros, de su historia, sólo
espera un acto de genuino compromiso democrático y con los Derechos
Humanos, y es difícil que ello se de cuando la clase política no da el
ancho, permite la detención por sospecha y luego esconde la mano,
confiere atribuciones en aras del populismo penal y luego critica la
brutalidad policial..
Así
el desprestigio no es sólo de nuestra policía sino que existe un
peligroso deterioro de todo el Estado y su juridicidad. Una policía que
no cuenta con la confianza y el aprecio de los ciudadanos es, para todos
los efectos más una amenaza, ello explica el estallido social de Panguipulli, en que se quema todo lo que se identifica con el Estado, hasta los bancos de la plaza.
El
Gobierno, no tiene un relato consistente, apoyar a ultranza la
institucionalidad conocida sólo aumentará su desprestigio, mientras
seguirán las quemas de retenes, municipios y espacios públicos, no basta
con desplantes de autoridad en Colchane, para mostrar que se cumple el
Estado de Derecho.