Con
mucho dolor uno escribe sobre el caso Ámbar. Con mucha pena uno -desde
la zona más austral del mundo- se atreve a escribir algunas líneas sobre
un hecho policial que remeció al país entero. Con mucha rabia nos damos
cuenta de que nuestra sociedad muy poco a aprendido y que los animales
tienen hoy conductas más razonables que el ser humano. Lo de Ámbar es
espantoso. Irrepetible y muy preocupante para los padres que tienen
hijos en edad de adolescencia. ¿Qué nos está pasando como sociedad? A
todos nos genera un alto nivel de desconcierto y dolor al conocer que
esta niña estaba bajo un programa especial de protección del Servicio
Nacional de Menores (Sename). Desde el primer día del mandato
presidencial se prometió: “Los niños primero”. Y ¿qué se hizo? Muy poco y
se sigue hablando sobre la necesidad de una transformación total de
esta institución. Desde Magallanes reiteramos la pregunta. ¿Nuestros
niños y adolescentes del país siguen en una desprotección total? ¿Por
qué siguen ocurriendo estos casos? Y lo otro que es fundamental conocer:
Si Hugo Bustamante había matado a su expareja y a su hijo de 9 años y
estaba cumpliendo una larga condena de 27 años, ¿por qué se le concedió
la libertad condicional? ¿Los criterios para entregar este beneficio son
tomados en cuenta? El doble asesino no merecía una libertad
condicional, más aún considerando el informe de Gendarmería, institución
que convive a diario con los reclusos en las diferentes cárceles del
país. ¿Bustamante tenía los méritos para obtenerlo? Obviamente que no.
La realidad es muy triste y dolorosa. Saber que en nuestro país hay
muchas jóvenes con una vida en total abandono y que nuestras autoridades
están haciendo muy poco. Fallamos todos y eso tenemos que analizarlo
antes de preocuparnos de otras cosas suntuarias.