Con pesar podemos comprobar que en nuestro país cada vez se lee menos, casi no se lee literatura, las revistas sobre temas específicos van en retirada producto de los medios digitales. Aunque la delicia y el placer de hojear un libro todavía sigue siendo incomparable, solamente un grupo pequeño de la población se interesa por saborear y gozar de la literatura. Explicaciones para esto pueden haber muchísimas pero la verdad de las cosas es que algunas pueden ser convincentes y otras no. Que los libros tienen IVA (uno de los impuestos a los libros más altos en el mundo), si podría ser. Que la globalización, quizás. Que los libros electrónicos, en nuestro país poco creíble. La forma cómo se enseña a leer, esa sí. El poco fomento a la lectura, también. El Estudio Global GfK, sobre la frecuencia en la lectura de libros, desarrollado por la empresa alemana de investigación GfK, que entrevistó a más de 22 mil personas mayores de 15 años de diversos países, incluido el nuestro, concluyó que Chile está bastante por debajo del promedio mundial. A nivel mundial el, 59% dice leer al menos una vez a la semana, en casa con esfuerzo llegamos al 40% de la población chilena, según señalan los resultados. El 50% de las librerías están concentradas en la región Metropolitana y, a su vez, esas están concentradas en su mayoría en Las Condes, Providencia y Santiago Centro. La lectura hace a los seres humanos más tolerantes y menos ignorantes, además la literatura nos transporta a otros mundos, ampliando horizontes de pensamiento, con realidades y ficciones que se entrelazan mágicamente, dotándonos de sensibilidad, valores, capacidad para chequear nuestras propias ideas, abrirnos a pensamientos y opiniones diferentes, tratando de perseverar en la búsqueda de la verdad en diferentes campos y disciplinas del ser humano. Es cosa de ver las noticias en nuestro país para darnos cuenta de la primitividad de las discusiones, como las personas se descalifican por pensar diferente. Para que hablar en el campo de la política, todavía hay personas que creen que esta – la política- es de verdades absolutas de blancos y negros. Cuando en realidad es de matices, además en la política no existen verdades absolutas. Es más, es un juego dialéctico (tesis y antítesis para que ojalá surja la síntesis). Así quizás evitaríamos que algunas personas pretendan la destrucción de otros, por el simple hecho de pensar diferente. Pero en fin, total como se busca eliminar de la formación escolar a la filosofía, seguiremos fomentando personas que creen que tienen la verdad absoluta sobre todo en la política y en otros campos de la vida pública. Más encima la historia también será limitada entonces la ignorancia y la ostentación de tener la verdad serán groseramente majestuosas, irreverentes y dañinas. Los pueblos que no reconocen su historia y se hacen cargo de ella, no tienen mucho que decir, en cuanto a su futuro, pero lo triste es que se corre el riego con estas actitudes de tropezar con la misma piedra. Esa que ya sabemos de la falta de tolerancia, de la conculcación derechos, atropellos, muertes y divisiones. El no incentivar la lectura en las edades tempranas es como enseñar a comer mal, de hecho ya se ve en nuestro país, tenemos una de las tasas de obesidad, más altas (FAO – El 34,4% de la población chilena mayor de 15 años presenta altos índices de obesidad). Más ignorancia, más desinformación, crea malos hábitos de alimentación, escasa actividad física, consumo excesivo de productos ultra procesados, lo que trae como consecuencia una peor salud. Pero no importa, también limitaremos o eliminaremos la educación física del currículo escolar. Incentivar la ignorancia es cultivar un pueblo carente de conciencia, de derechos, una sociedad enferma, satisfecha de golosinas y baratijas materiales. Por lo general si se observa en la sociedad, independientemente de la posición social, las personas más ignorantes son las más descalificadoras, intolerantes e irrespetuosas de los derechos fundamentales del ser humano. Ojalá que como ya paso el 18, nuestro pueblo no se siga emborrachando en la superflua ignorancia, en la resignación y en la inconsciencia.