La
legitimidad es un concepto recurrente en materia constitucional. Por
ejemplo, se ha señalado que la Constitución del 80 sería ilegítima por
su origen en dictadura o que el Congreso carecía de legitimidad para
redactar la nueva Constitución. El problema con la legitimidad es que es
un concepto jabonoso que tiene pocas fuentes de origen (las elecciones
son una) pero, como la confianza, se puede perder con mucha facilidad.
Esto último es algo que debiese interesar a los constituyentes, cuyos
actos pueden comprometer la legitimidad de la Convención Constitucional
(“Convención”) de distintas maneras. Revisemos algunas de ellas.
Una
fuente de legitimidad para cualquier institución democrática es el
cumplimiento del mandato entregado por la ciudadanía. En el caso de la
Convención, su único cometido es la redacción de una nueva Constitución.
Sin embargo, algunos constituyentes han dado indicios de despreciar la
voluntad democrática en al menos dos aspectos. El primero se relaciona
con la eventual extralimitación de las funciones de la Convención, como
lo es la idea de amnistiar a los denominados “presos del estallido” o
“demandar” a otros poderes que esto ocurra. Lo anterior no solo sería un
grave error por infringir el mandato ciudadano, sino que implicaría una
usurpación de poderes que la ley concede a otras instituciones como el
Poder Judicial y el Ministerio Público. En segundo lugar, algunos
constituyentes han pretendido desconocer el mandato ciudadano al
proponer la modificación del quórum de 2/3, que fue parte de las mismas
reglas que posibilitaron la existencia misma de la Convención. Si bien
existen tinterilladas que pretenden explicar que estos límites nunca
existieron, lo cierto es que de concretarse alguna de estas propuestas
un gran número de ciudadanos se sentirá decepcionado y le quitará el
apoyo a una Convención que fue electa con una exigua participación.
Otro
aspecto importante de la legitimidad política tiene que ver con la
expertise o la capacidad de conducir el proceso a buen puerto. Si los
constituyentes deciden enfrascarse en choques ideológicos, propiciando
la lucha facciosa por sobre la deliberación democrática, podrían
terminar entrampando el proceso constituyente, restándole legitimidad a
la Convención dada su incapacidad para cumplir con su cometido. Una
señal de esta incapacidad quedó manifiesta el día de la instalación de
la Convención, la cual debió ser suspendida momentáneamente por
incidentes dentro y fuera del ex Congreso Nacional. Tampoco ha contribuido
el rol que ha jugado la Mesa Directiva en sus pocos días al mando,
donde parece no haber dado garantías para la deliberación democrática.
Entre otros, algunos constituyentes han denunciado que no se les ha dado
la palabra, las votaciones se han realizado a mano alzada, las actas de
las sesiones no son claras ni accesibles y se han cambiado las reglas
del procedimiento a conveniencia de la Mesa.
Por
último, la Convención será juzgada por el proyecto de Constitución que
presente a la ciudadanía. Hay que recordar que uno de los principales
objetivos de las constituciones es organizar el poder del Estado. Por lo
mismo, si la Convención no logra presentar un proyecto técnicamente
adecuado, que además satisfaga los anhelos de la ciudadanía, corre el
riesgo de fracasar en el plebiscito de salida o, en caso de ser
aprobado, de tener una corta vida por no asegurar gobernabilidad. Sin
duda la arquitectura de la constitución va a ir siendo evaluada por la
ciudadanía al mismo tiempo en que se dibuja. Por lo mismo, cualquier
paso en falso en esta materia puede hacer disminuir la adhesión de la
ciudadanía al proceso.
Si
bien es muy temprano para juzgar el trabajo de la Convención, no cabe
duda de que existen algunas señales preocupantes. En este contexto, si
la Convención no logra ponerse a la altura de su tarea, podría terminar
generando más problemas de los que resuelva. De ser así, el riesgo es
que la Convención pierda legitimidad, deviniendo en un órgano
irrelevante o, peor aún, que inicie una lucha entre poderes sin contar
con el apoyo de la ciudadanía. El reloj está corriendo y estamos todos
mirando.