Es
lamentable, pero cierto, que en los centros de poder político de
nuestro país, los lobbistas avanzaron con fuerza en el protagonismo de
acción, presentándose como defensores de intereses legítimos, pero para
quienes hemos sido más críticos sobre esas funciones, también pueden ser
vistos como manipuladores hábiles de la maquinaria gubernamental. A tal
punto llegó esta acción, que el año 2014 se promulgó la famosa “Ley de
Lobby”, que buscaba regular estas prácticas y transparentar de algún
modo, a todos los chilenos, sus operaciones y actividades. Sin embargo, a
10 años de su entrada en vigencia, y con la conocida frase sobre “hecha
la ley, hecha la trampa”, esta norma ha encontrado formas de “evadir”
estas regulaciones y seguir influyendo desmedidamente en la toma de
decisiones nacionales y también locales, pasando no solo por organismos
públicos, sino también vinculando estos al mundo privado.
Los
chilenos siempre nos hemos caracterizado por esa habilidad de
“encontrar el camino más corto”, “tener el amigo que lo ayuda a saltarse
la lista de espera” (aunque por estos días hay quienes prefieren borrar
las listas para decir que hay reducción en la espera), “doblar en
segunda fila, total no pasa nada”, aquel que no se preocupa por un parte
de mal estacionado, “porque tiene con quien sacarlo”, y un sinfín de
pensamientos poco éticos y poco transparentes que algunas personas y
profesionales avalan y al parecer, disfrutan. Estos ejemplos los podemos
encontrar en prácticamente todas las actividades diarias, donde vayamos
y según el circulo que exista, el tamaño de estos dependerá del poder
que se tenga en la capacidad de influencia. Sin ir más lejos, hace poco
tiempo lo pudimos ver una vez más, en la política nacional, algo que
hasta hoy, sigue sin mayores respuestas:
¿Qué
pasó con las reuniones en la casa del lobbista Pablo Zalaquett, a las
que han asistido una gran cantidad de personajes importantes e
influyentes de la política y los negocios? Creo que, en aras de la
probidad, y apelando siempre a la transparencia necesaria para la recta
función del mundo público, ¿Por qué no aclarar el fin de aquellas
reuniones, a través de la ley de lobby?, ¿están escondiendo algo?, ¿Fue
solo una reunión de vecinos?, ¿Se vieron solo temas sin importancia? O
es que, esa acuñada “cocina política” ¿continúa siendo tan poderosa como
criticamos, sobrepasando barreras legales?
Creo
que la ciudadanía necesita respuestas reales, transparentes y
fidedignas; los chilenos, hoy más que nunca, merecemos ser gobernados,
convocados y gestionados por lideres que demuestren su ética en todo
momento; lideres que nos entreguen la tranquilidad para seguirlos sin
ninguna duda.
En
ese sentido, una vez más, temáticas como la ética, la transparencia,
las buenas prácticas, profesionalismo, el uso de información
privilegiada, entre otras, resaltan como competencias que las entidades
educacionales deben tener en la mira, incorporar en los programas de
estudios, en las metodologías de enseñanza en el aula y en el día a día
de sus estudiantes.
Necesitamos
soñar por un mejor Chile, un Chile seguro, claro, transparente, con
visión de futuro y para eso debemos apostar por jóvenes profesionales,
sin favores políticos en deuda que permitan el ingreso de la corrupción
por la puerta ancha, quienes serán los agentes de cambio de hoy, para el
futuro próximo en tiempos donde la vida se acelera… para que de algún
modo, sean agentes que logren romper el ciclo de la mal llamada
“picardía del chileno”.