Ley mal hecha y poco informada

Qué
buenos recuerdos aquellos, cuando los presidentes eran estadistas de
verdad, cuando sus ministros eran personas informadas y preocupadas del
bienestar del país, cuando todos o casi todos eran intelectuales
destacados y profesores universitarios, cuyos conocimientos los ponían
al servicio del país a partir del cumplimiento de una función pública,
que para ellos era lejos de ser un trabajo, un honor; lo mismo que los
parlamentarios, cuando eran también personas destacadas en el ámbito
intelectual, profesional y cultural, personas informadas no solo de la
realidad nacional sino también internacional, y que antes de dictar una
ley se informaban de todos los detalles de la materia de la que se
tratara, se legislaba para que la ley sirviera de verdad a los
ciudadanos, para solución de verdad a alguna situación que en serio
ameritara que se legislara al respecto.

Te
acordás hermano qué tiempos aquellos, diría un tango, porque hoy cada
ley más mal hecha que la otra, en que ya en muchos casos no se legisla
para dar solución real a una necesidad, en que ya no se legisla muchas
veces para que algo perdure y sirva al país a lo largo del tiempo y
trascienda a los gobiernos que se sucedan, siendo igualmente útil a cada
uno de ellos, sino que se legisla para la contingencia y, muchas veces,
solo con un criterio efectista, para decir que se hace algo, sin
importar si ese algo sirve o no, sin importar si ese algo beneficia a
alguien o no, y, lo que es peor, sin importar si ese algo perjudica a un
importante número de ciudadanos, a veces incluso da la impresión que
muchas veces se legisla hasta por un capricho; la consecuencia es obvia,
las leyes quedan mal hechas, muchas sirven poco, otras son confusas,
otras perjudican y en muchos casos no cumplen en modo alguno el objetivo
para el que se dijo serían creadas. Tal es el caso de las recientes
modificaciones hechas a la Ley de Control de Armas; se modifica una
norma que venía funcionando bien, se la empeora y no se cumple y es
absolutamente imposible que se cumpla el objetivo que el Gobierno dijo
tener para impulsar la modificación, que según ellos era para detener a
la delincuencia, pero no se les ocurrió pensar que ese objetivo era
imposible de cumplir, porque, gran sorpresa, los delincuentes no cumplen
la ley, no la obedecen y poco les importan las restricciones que de
ella se hagan, si de todas formas no la van a cumplir. Así las cosas,
restringir más la ley de control de armas, a los únicos que afecta es a
los propietarios legítimos de armas, de modo que la misma no va a tener
efecto alguno en la delincuencia, lo único que tendría efecto para
detener a la delincuencia es comenzar por encerrar a los delincuentes y
permitir que la gente honesta pueda acceder con mayor facilidad a los
medios de defensa de su persona, de su familia y de sus bienes. Si el
derecho a la vida es un derecho fundamental, también debe serlo el
derecho a procurarse los medios para defender la propia vida y la de
nuestras familias; no poner más trabas a esto, los propietarios
legítimos de armas de fuego no salen con sus armas inscritas a cometer
asaltos, encerronas y portonazos, sin embargo a los únicos que la
modificación de la ley castiga y perjudica es a los propietarios
legítimos de armas, pero con ello no va a disminuir la tasa de delitos
porque no se está ejerciendo un control sobre los que cometen delitos.
La mayoría de los homicidios se cometen con armas blancas, con objetos
cortopunzantes; por el contrario, lo que puede suceder incluso es que
aumente tanto el número de delitos como la violencia de ellos, porque lo
que visualiza la delincuencia ante este tipo de normas es una nueva
debilidad del sistema y lo aprovecha en su favor, consecuencialmente los
perjudicados son los ciudadanos honestos y cumplidores de la ley y los
beneficiados son los delincuentes.

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