Siempre
es bienvenida una normativa que promueva la inclusión, pero si se trata
de resguardar la igualdad de oportunidades a niños, niñas y
adolescentes, la promulgación de la Ley TEA sobre el trastorno del
espectro autista en Chile efectivamente abre nuevos horizontes en el
ámbito de la educación y la enseñanza.
Al
eliminar cualquier forma de discriminación, a través de la aceptación
integral de las personas que tienen esta condición, es indispensable
pensar que la sintomatología no es la misma para todos, por lo que
debemos considerar individualmente sus necesidades para apoyarlas
eficientemente.
Es
necesario dejar en claro que ser TEA es una condición, y por ello, es
muy importante que la sociedad comprenda que el Trastorno del Espectro
Autista se manifiesta en el neurodesarrollo de las personas
impidiéndoles una adecuada interacción social.
Como
educadora, creo que es nuestro deber promover protocolos que permitan a
quienes mantienen esta condición acceder a una educación de calidad,
mediante la formación de especialistas que puedan brindarles el apoyo
necesario para enfrentar el proceso de enseñanza superior y vida
laboral.
Mencionaba
que no todos sufren las mismas dificultades. Por eso, la Ley TEA es
clara en cuanto a la labor que desempeñará el Ministerio de Salud para
su detección temprana, incluyéndose en el Plan de Salud Familiar como
una prestación más. Todos estos pasos son importantes.
Por
ello, junto con aplaudir esta medida, en el ámbito de la inclusión
social y educativa, esta nueva normativa nos permitirá dar un paso más
para disminuir y eliminar las barreras de aprendizaje, participación y
socialización que enfrentan quienes se encuentran dentro del espectro
autista.