La
palabra carisma tiene un significado de índole religioso y está
relacionado con la noción de gracia o don divino. Por lo tanto, el líder
carismático puede llegar a encarnar los valores de divinidad y de mito.
Existe
consenso en cuanto a que las crisis son la raíz de la emergencia del
liderazgo carismático. Cuando ocurre un estado de anomia o
desorganización social o drásticos cambios ambientales, la percepción de
eficacia personal y de la propia capacidad para enfrentar los problemas
se ve afectada. Estas condiciones hacen que algunas personas cedan el
poder o el manejo de esas situaciones a quienes perciben como más
eficaces. Quienes son percibidos bajo esas circunstancias como los
mejores o los más capaces son los que se transforman en líderes
carismáticos.
Para
algunos autores el carisma no se aprende ni se crea. Este se basa en el
atractivo personal del líder, en la adhesión que inspira. En la base de
este tipo de liderazgo estaría una relación de tipo emotivo entre este y
sus seguidores. Otros investigadores se centran en el magnetismo. Es
decir, en la atracción que produce el líder carismático en sus
prosélitos.
Este
tipo de líder es considerado como un verdadero salvador místico y
personalmente magnético, que ofrece soluciones a periodos críticos.
Además genera devoción por ser considerado excepcional, heroico, de
carácter ejemplar o que posee en grado superlativo las cualidades
tenidas en más alta estima en su grupo. Aquí lo importante es cómo esa
persona es vista y valorada por sus seguidores. El reconocimiento por
parte de sus partidarios es lo que resulta decisivo para la validez del
carisma. Si falta de modo permanente la aprobación o durante algún
tiempo el líder no tiene éxito en su misión, o surgen imprevistos como:
desastres naturales, derrotas en las guerras, etc. Especialmente si su
liderazgo falla en términos de beneficiar a sus seguidores, es muy
probable que el líder carismático desaparezca. Es decir, en el largo
plazo las necesidades y sentimientos de satisfacción de los prosélitos
son los que sustentan este tipo de liderazgo.
En
el liderazgo carismático los seguidores creen ciegamente en las
propuestas del líder, obedecen incondicionalmente las directivas del
líder. Además, los prosélitos proporcionan al líder un compromiso emocional incondicional.
Durante
las últimas décadas, investigadores tanto de las ciencias sociales como
humanas han descubierto que la construcción del carisma se puede llevar
a cabo mediante una cuidada proyección de la imagen pública. Un ejemplo
de ello es la labor que cumplen los asesores de imagen, quienes vigilan
la indumentaria, el lenguaje corporal y la oratoria (de preferencia
repetitiva y simple). Básicamente, estos asesores mediante el perfil que
proyectan destacan en el líder todo aquello que los eventuales o
posibles seguidores quieren ver y oír.
La
próxima semana, continuando con la serie de comentarios sobre los
diferentes tipos de liderazgo, se tratará el liderazgo autoritario.