Liderazgo femenino

En
los últimos años se han producido cambios sociales, legales y
culturales muy significativos que han favorecido la inserción de la
mujer en los puestos más altos de las organizaciones. Se sabe que para
llegar a la cima de las organizaciones las mujeres deben eludir muchos
más obstáculos que los hombres. Puesto que los cargos de dirección y el
liderazgo, tradicionalmente, habían sido asociados con los hombres.

Como
el liderazgo femenino es relativamente nuevo, existen muchos
estereotipos o mitos en torno a este. Por ejemplo, se ha considerado que
el liderazgo femenino es comunitario, social, participativo y
transformacional, ya que tienen la capacidad de generar cambios y
ejercer una influencia positiva sobre los miembros del equipo. En
contraposición a este, el liderazgo masculino ha sido descrito como
orientado hacia los objetivos, autoafirmativo, jerárquico y
transaccional.

Sin
embargo, existen estudios que desmienten lo recién señalado. Puesto que
se ha visto que en los liderazgos en mandos medios apenas existen
diferencias significativas en el comportamiento de hombres y mujeres en
la dirección de los equipos. En cargo de alta dirección apenas hay
divergencias importantes. Los datos revelan que en este nivel, hombres y
mujeres toman decisiones, organizan y toleran de una manera similar el
liderazgo, pero las mujeres tienen una orientación hacia los resultados
algo superior en relación a los hombres. Igualmente, el nivel de
esfuerzo y dedicación es un poco mayor en el sector femenino que en el
masculino. También los resultados indican que no existen mayores
diferencias en la eficacia en el manejo de los equipos considerando el
sexo, puesto que tanto en aquellos equipos dirigidos por hombres o por
mujeres no existen diferencias significativas. Mediante estas
investigaciones se ha visto que los hombres son más dominantes, seguros
de sí mismos, influyentes, más sociables y extrovertidos que las mujeres
en los niveles ejecutivos. Otros estudios revelan que los hombres
emergen como líderes con mayor frecuencia que las mujeres y exhiben una
mayor motivación para dirigir.

Se
sabe que existen dos tipos de frenos u obstáculos que impiden que las
mujeres ejerzan cargos de poder. El primero de ellos, llamado el ¨techo
de cristal¨, que son barreras invisibles que impiden a las mujeres
alcanzar puestos de máxima responsabilidad. Igualmente existe el
denominado ¨techo de cemento¨, que es la percepción negativa que tienen
algunas mujeres sobre sus posibilidades de crecimiento. En ese sentido,
la perspectiva de desarrollo profesional es mucho menor que la de los
hombres, hecho que genera el fenómeno de la profecía autocumplida. Esto
se lleva a cabo cuando a través de anticipaciones de acontecimientos se
acaba colaborando de una manera indirecta en que estos acontecimientos
lleguen a cumplirse.

Si
se quiere romper con los estigmas sociales en cuanto al liderazgo
femenino, se debe incentivar a las niñas desde pequeñas para que se
capaciten en esta materia y hay que promover el liderazgo femenino al
interior de las organizaciones y de toda la sociedad.

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