Una de las principales demandas ciudadanas, en torno a este estallido social, ha sido la desigualdad. Un elemento clave y transversal que traspasa estratos sociales, concentrándose principalmente en los sectores medios – bajos. Sin dudas, desde el retorno a la democracia, ha sido uno de los principales desafíos tanto para la Nueva Mayoría (ex Concertación) como Chile Vamos (ex Alianza por Chile).
Ambas coaliciones, que duda cabe, han aportado su granito de arena en intentar mejorar la calidad de vida de las chilenas y chilenos, pero todo bajo la premisa del “Chilean Way”, ese concepto anglo peyorativo que nos describe socialmente: todo a medias. Porque sin lugar a dudas nuestro país a sido ejemplo en la disminución de las brechas de pobreza. De hecho, según datos de la encuesta CASEN, se establece que la pobreza por ingreso, el año 2015, era de un 11,7% mientras que, en la medición de 2017, registró un 8,6%. En los últimos once años la tasa de pobreza a bajado un 20,5%, mientras que la pobreza extrema llega al 2,3%, equivalente a 412.839 personas. A nivel regional, la Araucanía (17,2%) y Ñuble (16,1%) registraron las peores cifras. En tanto, Aysén (4,6%) y Magallanes (2,1%) se posicionan como las que ostentan las mejores tasas de pobreza.
¿Pero qué pasó en el camino?
Ocurre que nos ocupamos tanto en disminuir las brechas de pobreza que nos olvidamos de la desigualdad, la cual se ha acrecentado con el paso de los años. Ahora, ¿Por qué aumenta esta percepción de desigualdad? Por sentimientos de injusticia.
Las tres desigualdades que más molestan en Chile son la salud, la educación y el trato. La percepción de maltrato en la calle es muy, muy intensa. Basta con observar lo ocurrido en las demandas y manifestaciones sociales de los últimos días.
Las personas reconocen el privilegio, hablan de “cuna de oro”, de ese malestar latente contra las élites. Un grueso de las personas nos reconocemos como “clase media”, alrededor del 70% para ser precisos. En este contexto el malestar, donde también se expresa la desigualdad, se refleja en los salarios y en los espacios de movilidad social para, a través de la educación, acceder a la ansiada movilidad social orientando los esfuerzos a la construcción de una sociedad meritocrática.
De acuerdo con el PNUD existen seis nudos de la desigualdad en Chile, a saber: Estructura Productiva, con circuitos diferenciados de productividad, cualificaciones y calidad del empleo, lo que deriva en una gran masa de trabajadores con bajos salarios; Concentración del Capital y los Ingresos, en un conjunto de grupos económicos, cuya propiedad está en manos de un número reducido de personas; Desconexión del Estado con la Ciudadanía, en las tareas de redistribución y provisión de seguridades para los ciudadanos; Concentración del Poder Político y Sobrerrepresentación, de los grupos de mayores ingresos en los espacios de toma de decisiones; Educación Segmentada y favorecida para las élites, la cual no permite asegurar la suficiente igualdad de oportunidades; y un Nuevo Pacto Social, el cual en las actuales condiciones justifica las desigualdades existentes socavando las dinámicas de integración social, mientras que en otros demandan mayor igualdad.
En el actual escenario tiene que haber una invitación a un diálogo amplio sin condiciones, convocando a todos los sectores, gremios, organizaciones de la sociedad civil y fuerzas vivas, entre otros.
Lo que hoy estamos presenciando es el despertar del Ciudadanismo ante la inercia e indiferencia de una clase política incapaz de responder a las urgencias de la gente. Estamos en un contexto país donde las personas volvemos a estar en el centro de las prioridades, donde el espíritu de comunidad se engrandece y la colaboración pasa a ser parte de nuestra acción.
De una buena vez es imperativo que seamos capaces de escucharnos, de mirarnos a los ojos, de reencontrarnos y valorar los avances que hemos conseguido, sin dejar de lado el ethos de trabajar, conjunta y armónicamente, en mejorar el bienestar y calidad de vida de las personas.
Terminemos, de una buena vez, con el precepto de “Chile a medias” y avancemos hacia una nación donde “hacer las cosas bien” sean parte del relato de este nuevo Chile.