¿Llegada estrecha? Falló la estrategia de Trump

Por
más terror que se intentó instaurar (al cual muchos chilenos
sucumbieron), por más mentiras que se divulgaron por las redes sociales,
por más abonos que se hicieron para sembrar dudas en el resultado
electoral, por más arrebatos de los más destacados “representantes” del
lado oscuro, igual el pueblo se pronunció y el resultado fue aplastante.
Un millón de votos de diferencia, donde nadie pudo hacer trampas ni
tener bases para recurrir a los tribunales electorales, y el castillo de
naipes se cayó con un estruendo ensordecedor.

La
imagen perfecta, el discurso sobrio, sereno, extremadamente confiado,
apelando a la bandera, al nacionalismo casi fundamentalista y la
influencia de los medios fue lo que al otro blondo candidato le sirvió
para salir electo. El terror, la mentira, la intromisión descarada fue
su jugada y le resultó, pero el juego conocido no se puede repetir en
cualquier parte, aunque se haya ido a buscar los apoyos a la capital del
Imperio.

Se
usaron las mismas estrategias, pero se olvidaron que la opción tenía un
techo y debieron recurrir a todo. Si no hubiera cambiado sus
ultraconservadores programas no habría obtenido tal cantidad de votos.
El sectarismo de su propuesta, tipo “boutique” (de un Estado y familia
ideales), debió abrirse a la derecha más centrista hasta aquellos que
creyeron en el desinflado candidato “Halley”, al cual solo verán por las
pantallas porque no puede ingresar al país.

El
terror al comunismo fue la palabra más usada en todas las entrevistas,
alusiones y debates por la parte perdedora, y ese discurso asustó a
muchos, en circunstancias de que el PC es una estructura que, si bien es
aliada inicial del ganador, sumó una ciudadanía que representa todas
las ideas de un centro mucho más amplio, lo que técnica y políticamente
hace inviable un proceso de gobierno como de Maduro, Castro y otros.
Chilezuela es imposible.

No
importan las palabras de buena crianza luego de conocer los resultados,
más aun cuando aún hay muchos que aún creen que los barrios azules
deberían tener su propia bandera, FF.AA., policía y frontera (al cual
solo permitirían ingresar a quienes deben cumplir funciones de
servicio). Está claro que hay un sector del país que desprecia al resto y
lo ha hecho siempre y se solapa esperando que nada cambie para no
perder privilegios. Ese sector no entiende que nuestra nación es enorme,
rica y diversa. No entiende la expresión “chilenos todos”. No sabe lo
que es igualdad y mucho menos equidad. De esa manera la justicia es solo
la parte que le conviene.

La
arrogancia de señalar que el resultado sería estrecho (50.000 votos los
llevarían a los Tribunales Electorales) (¿y si hubieran ganado por ese
margen?); el impresentable problema de la locomoción colectiva; el
promocionado llamado de un “ultraextremo” a hacer trampas, entre otras
situaciones que se irán detectando, no dan confianza de que lo que se
propone en los discursos de ser oposición colaborativa sea real.

La
gente olvida rápido, más aun cuando se embriaga con la sensación de
triunfo, y como buen “curao” ve los rostros amistosos y amorosos de sus
contrincantes y les perdona sus faltas. Por eso estamos acá, para que
queden en la historia y en la conciencia las intervenciones desubicadas y
las publicaciones tendenciosas hechas con el legítimo derecho de
posicionar sus intereses, que le quita la necesaria imparcialidad al
confundir el derecho a la información.

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