Llegamos tarde

Ese fue el título de la
columna de opinión que redacté en abril del año pasado, a propósito de
la muerte de Juan Carlos Aguilar, un hombre en situación de calle, que
vivía en la ciudad de Coyhaique.

Hoy, a poco más de un año de su muerte, volvemos a llegar tarde.

El
fin de semana, la PDI encontró el cuerpo sin vida de Ángel Marcelo
Uribe, un hombre recordado por ayudar en la recolección de donaciones en
las alcancías durante las Jornadas.

No
se trata de una muerte aislada, de un “hecho lamentable”, como dirían
los políticamente correctos. En lo que va de 2023, en Punta Arenas,
otros dos hombres en situación de calle, murieron como nadie debería
morir: en la calle.

Más
de 200 personas viven a la intemperie en la extrema Región de
Magallanes, 30 de ellas, son mujeres. Es una vida al límite con
particularidades propias de un clima inclemente, alto costo de la vida y
un elevadísimo consumo de alcohol. Algunos no cuentan con acta de
nacimiento ni saben cuántos años tienen, como transeúntes de paso que
van de una calle a otra, sin destino, sin un techo, en el más absoluto
abandono.

En
nuestra región no existe ningún programa público o privado destinado a
resolver de manera integral problemáticas vinculadas a la condición de
calle, incluyendo, por ejemplo, atención psicosocial y soluciones
habitacionales, como las que implementa el Programa “Vivienda Primero”,
que entrega un hogar a personas en situación de calle.

La
idea surgió en Estados Unidos durante la década del 90, y en la
actualidad está adaptado a la realidad chilena en tres regiones del
país, basado en el concepto del psicólogo Sam Tsemberis: la vivienda es
un derecho humano básico y para erradicar la situación de calle es
necesario primero contar con un techo, entregado sin condiciones, para
poder desde allí reconstruir la vida.

Es
cierto, las hospederías son súper necesarias, pero es tiempo de que
implementemos respuestas sostenibles a largo plazo. Como decía Albert
Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.

De
lo contrario, la historia es conocida y Ángel Marcelo Uribe será un
muerto más por hipotermia en calle, que en poco tiempo olvidaremos.

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