Este próximo domingo 4 de septiembre debemos sufragar en forma obligatoria en el plebiscito de salida, para pronunciarnos en relación a aprobar o rechazar la propuesta constitucional. La opción Apruebo implica derogar la actual Constitución
y reemplazarla por la propuesta emanada de la Convención Constituyente.
Por su parte, la opción Rechazo implica mantener vigente la actual Constitución del 80.
Diversas
predicciones se han hecho en torno al número o porcentaje de electores
que ejercerán su derecho a sufragio y sus motivaciones. Se dice que
podríamos alcanzar una participación histórica debido al interés que
despierta la nueva
Carta Constitucional y porque el voto vuelve a ser obligatorio luego de
una década. Se dice que los jóvenes concurrirán masivamente, al igual
que en la segunda vuelta presidencial, debido a que en esencia está en
juego su futuro. De esta forma, ambas opciones esperan una participación
sobre el 60%, lo que significa una cifra cercana o superior a los 9 millones de personas.
Una vez más las encuestas han intentado
predecir resultados en base a un muestreo en condiciones ideales o
normales. Sin embargo, la dificultad radica en que esta elección se hace
en un escenario de incertidumbre en donde el comportamiento de los
indecisos es altamente impredecible. Los indecisos son aún casi el 15%,
y en caso de concurrir a votar seguramente definirán la elección. Hoy
aún no sabemos si los indecisos concurrirán a votar, ya que hasta hoy en
vez de reducir su número han tendido a aumentar, sin que ello
signifique beneficiar necesariamente una opción.
La gente del Rechazo, basados en la última elección, plantean
que pueden ganar el plebiscito, ya que apuestan a que un porcentaje
cercano al 10% de sus adherentes son persona que votaron por el
presidente Boric en segunda vuelta (quizás por eso se han esmerado en
ocultar a Kast y Piñera). Por su parte, los partidarios del Apruebo, que
hemos
visto crecer nuestra opción sistemáticamente las últimas semanas,
apostamos a que una mayor participación de jóvenes, especialmente del
segmento etario entre 25 y 35 años, hará la diferencia para ganar el
plebiscito.
Con las cartas prácticamente echadas solo nos resta fomentar la participación y ello implica insistir en las razones de por qué es importante votar. Recordar que la necesidad de un proceso constitucional surge desde el estallido social,
donde múltiples demandas colocaron en evidencia la crisis social,
económica, política e institucional de nuestro país. Esa es nuestra
tarea pendiente y que la nueva
Constitución pretende solucionar. Recordemos que miles de bandera
chilenas, magallánicas y mapuches flamearon en las manifestaciones
exigiendo un cambio. Un cambio de visiones, de trato, de instituciones,
que conlleve recuperar la legitimidad de la política nacional. De esta
forma se exigen nuevos derechos, vocaciones y condiciones del Estado que
obligatoriamente requieren nuevas instituciones. Muchos derechos no
contemplados ni asegurados actualmente fueron demandas explícitas que se
vociferaban en cada marcha y concentración del estallido social. En
consecuencia, si usted marchó con una bandera mapuche me imagino que hoy
no se negará a reconocerlos como nación y en justicia otorgarles los
debidos derechos.
La Constitución
es nuestra guía que define y limita nuestras reglas de convivencia. La
distribución del poder y el uso de los bienes públicos comunes deben ser redefinidos y regulados con criterios solidarios para alcanzar justicia social tal como lo hace la nueva propuesta constitucional.
Por otro lado, la actual Constitución es un obstáculo para el
desarrollo en justicia y dignidad social, porque una ley, aunque sea
aprobada en el Congreso, puede ser objetada ante el Tribunal
Constitucional, como ha ocurrido innumerables veces por los que hoy
prometen amor y reformas. Este domingo vote en conciencia por el bien de
Chile y las futuras generaciones. Vote bien. Vote Apruebo.