Esta
frase popular que alude a problemas sobre problemas es hoy algo literal
para el gobierno en Chile. Lo cierto es que, tal vez para ser más
explícito, habría que decir “lloviendo sobre quemado”. Muchos problemas
ciertamente se los buscaron y hasta los provocaron, simplemente cosechan
lo sembrado. A Esto se le suma hoy la inclemencia de la naturaleza que
no perdona. Pero es la falta de experiencia lo que los ha hecho ser
realmente insuperables en lo malo en manejo de crisis y reconstrucción.
Cuando aún el país se pregunta por la reconstrucción de las casas de
Viña del Mar y otras zonas de la Quinta Región a causa del fuego
ciertamente provocado de modo intencional, hoy la naturaleza desde la
lluvia vuelve a golpear al país. Como es ya un clásico, el presidente
ausente. Esta vez fuera de Chile en gira internacional; la otras veces
“ocupado” en su tiempo libre. Él no trabaja horas extra, ni fines de
semana, ya que es una persona llena de “derechos”. Ciertamente deja
evidencia que olvida los deberes asociados a esos derechos y, por
cierto, los deberes absolutos que implican la responsabilidad del cargo
que “supuestamente” ejerce. No tiene claro qué implica ser presidente de
todos los chilenos. Es un cargo que necesariamente exige renuncias a
muchas cosas a favor de Chile. En ese cargo, no importan los deseos
personales, esos quedan atrás si el país así lo requiere. Hay más
deberes que derechos.
Pero
claro, la generación de “pulmones vírgenes” hijos de la abundancia se
mueven por la voluntad y no necesariamente por la razón. Eso los lleva a
errar constantemente. Cualquier persona de viaje frente a una
emergencia familiar en manejo de crisis, posterga sus planes y se hace
presente para enfrentar un problema. Una madre frente a un problema de
envergadura de un hijo no dice “no es necesario que yo esté, está la
tía”. Todos recordamos a esa madre de “Mi pobre Angelito” desesperada
haciendo lo imposible, haciendo dedo a camioneros para encontrarse con
su hijo Kevin que por accidente había sido olvidado. El presidente no
hizo “ni el amague” de volver. Al acumulado de damnificados por el fuego
ahora se sumarían los de los temporales, algo inevitable. Ciertamente
no se puede frenar la inclemencia de la naturaleza, pero si se puede
gestionar las acciones de emergencia el despliegue y sin duda el apoyo
emocional para las personas. El saldo fueron solo 6300 damnificados, un
fallecido, anegamientos y desborde de ríos que traerán complicaciones
múltiples a pequeños agricultores. El presidente acusó a los críticos
literalmente de ataque personal, apoyando la tesis de Diego Ibáñez del
supuesto “Anti Gabrielismo”. Desde Estocolmo y como un modo de bajar el
perfil de las justas críticas, dijo “No me cabe ninguna duda que, donde
estuviéramos, esos mismos grupos seguramente harían críticas” e hizo
énfasis en no preocuparse de “polémicas menores” ensalzando su labor en
representación de Chile en el exterior.
Pero
lo cierto es que las críticas no son contra su persona, sino que contra
su evidente mala gestión. Los incendios en la Quinta Región llevan
meses, llegó el invierno y no hay casas. La ciudadanía con justa rezón
se pregunta qué pasó con los dineros recaudados en la “teletón” para
los incendios. La plata se recaudó y las personas siguen sin soluciones.
Es en este contexto que la lluvia llega sobre quemado. No sólo las
casas se quemaron con el fuego, es el gobierno que “quemó” su capacidad
de gestión y demostró lo ineficiente e inoperante que es. Esto quedó en
mayor evidencia tras la muerte del presidente Piñera. Las comparaciones
fueron inevitables, la no gestión contra la gestión encarnada. Los
incendios actuales contra el terremoto del 27F. Frente a esa evidente
debilidad el presidente en la nueva emergencia opta por no volver. Opta
por no dar una señal de responsabilidad. Su decisión hace sentir a
muchos chilenos que no hay líder que van a la deriva que están
abandonados. Esta lluvia sobre quemado recuerda, hace volver a sentir a
los chilenos, que están solos y que las frases “no los vamos abandonar”,
son simplemente otras voces vacías. Errar sobre errores es poco
inteligente, sobre todo cuando la única base de apoyo son nada más que
“barras bravas”. “Por sus obras los conoceréis” y por éstas los
juzgaréis. El gobierno no da el ancho y frente a la tragedia climática
inevitable son ellos de modo libre los que deciden volver a errar. Al
gobierno no le llueve sobre mojado, ni sobre quemado, el gobierno se
llueve a si mismo cuando ya están mojados.