La
actual Universidad Católica de Temuco ha sido fundada ¡dos veces! Una
vez, la primera, un martes 8 de septiembre de 1959, con la firma de
monseñor Alejandro Menchaca Lira, el respaldo de más de dos mil
propiciadores y fondos propios; una segunda vez, el miércoles 10 de
julio de 1991, con la firma de monseñor Sergio Contreras Navia, mismo
respaldo ciudadano anterior, más de treinta años de experiencia, obtiene
plena autonomía. ¿Qué tal?
¿Por
qué traigo esto a colación? Porque una vez más asoman voces que hacen
mención de que las universidades privadas no son entidades de educación
superior públicas y que, en tanto, solo son públicas las universidades
estatales.
¿Qué
es lo público? ¿Qué es lo privado? El límite es nada sencillo. Esta vez
me referiré a ello sin realizar profundas disquisiciones jurídicas,
sino principalmente fundado en el sostén de las costumbres, de lo
consuetudinario.
¡Vamos!
Esta diferenciación, es verdad, se instala en los más diversos espacios
de la sociedad, salud, educación, bienes naturales, bienes muebles e
inmuebles, entre otros. En el ámbito educacional, lo público no es
privativo, propio o exclusivo de lo estatal.
¿Qué
es lo público? En términos sencillos, es lo que pertenece a todos, a
todos los que conforman, conformamos, de modo amplio, una comunidad de
personas en un territorio determinado, y en un momento delimitado. Nos
incluye a todos, a todos.
Entonces,
¿qué es lo privado? Hasta hace no poco, se señalaba, a modo de ejemplo,
como aquello que subordinado a lo público está en la esfera de un
hogar, de la casa familiar. Reitero que lo que manifiesto es sostenido
desde el más sano sentido común, desde lo consuetudinario, antes que
sustentado desde el ámbito del derecho.
Señalé
recién, que así como se ha entendido que el hogar, la casa se ha
definido como un ámbito de lo privado, en los últimos años, a nivel
planetario, la casa más que un espacio de descanso, de ocio, de
intimidad, ha dado espacio a lo público, pues se ha convertido en un
lugar de trabajo, de generación de actividades cuyo beneficiario es el
prójimo y ello requiere de tiempo y de consumo de energía para el sostén
de la vida de los que componen el grupo familiar.
Por lo que según anoto, lo público y lo privado ya parecen ser una dicotomía vana, fútil.
¿Por
qué? Porque ambos prodigan mismo esfuerzo, mismo propósito y finalidad,
contribuir al bien común en tareas tan trascendentes en la vida de las
personas como la educación, la salud, ambas de la mayor importancia en
los más diversos ciclos de la vida de los seres humanos. Ni quien lo
hace desde lo público ni quien lo hace desde lo privado apunta a fin
distinto que no sea el bienestar, el desarrollo de cada uno y lo hace de
manera transparente, diáfana como es trabajar en pro de mejores hitos
de la sociedad. Ninguno lo hace con dobleces, con fingimientos, con
dolos, con engaños, sino de cara a la comunidad.
No
valen, entonces, las disputas, los engreimientos, sino la cooperación,
la mancomunión, actitudes que solo redundan en beneficio plural.
Lo privado y lo público solo uno. Lo público y lo privado solo uno. Lo privado y lo público, all right!