Columna/Análisis/ Juan Ignacio Ortiz R. editor general Pingüino Multimedia
Quien no participa de ese proceso
le quita peso al valor de su propio candidato, porque no lo valida ante una
elección mayor. En pocas palabras, o para que toda la gente lo entienda, quien
no participa de un proceso electoral como las primarias llega mermado a una
contienda tan importante como la presidencial. Además, la no participación
también puede incidir en la apatía que presentan los electores y que se ha
visto especialmente incrementada en la última década.
Los resultados clarifican el
panorama electoral de cara a las presidenciales del 19 de noviembre.
Para muchos causó una sorpresa la
votación de Chile Vamos, que tuvo una cifra considerable de votantes de
centroderecha. Esto superó por lejos cualquier pronóstico.
Y lo otro fue la baja votación
del Frente Amplio, que a pesar de ser una fuerza naciente y supuestamente
portadora de un amplio descontento, solo convocó a 325 mil electores. En
Magallanes, pese a ser una de las regiones que incluso cuenta con
representante, fue muy escuálida.
A Chile Vamos se le entregó un
voto de confianza, pero ahora deben saber aprovecharlo y solidificarlo.
Pese a los desacuerdos de los
representantes de la centroderecha, su electorado les entregó un respaldo que
genera un respeto de cara a las presidenciales. Si se saben unir, su candidato
Sebastián Piñera llega al 19 de noviembre con un plus especialmente respetable.
Los votantes de centroderecha
fueron masivamente porque están descontentos por el actual rumbo que ha tomado
el país y anhelan retornar a las cifras de crecimiento que se vieron reflejadas
especialmente durante los dos últimos años del mandato anterior.
Hay un alto porcentaje de los
chilenos que se están movilizando en favor de un cambio, porque rechazan el
programa de reformas que ha enfatizado la radicalización y la falta de consensos,
favoreciendo en cambio su reorientación.
Quienes representen a la Nueva
Mayoría en noviembre, ya sea Carolina Goic o Alejandro Guillier –aún se
mantiene la incógnita- deberán saber cómo reorientar sus campañas.
Con la validación del domingo
pasado, ahora Sebastián Piñera cuenta con un mandato fuerte de sus propias
bases que debería facilitar la tarea de perfilar mejor la intensidad de dichas
modificaciones y no temer a los cambios intensos cuando así lo amerite,
cuidando que dichos cambios cuenten con la debida sustentabilidad técnica.
En ese aspecto será fundamental
para su comando lograr la política de acuerdos con la gente de Felipe Kast y
Manuel José Ossandón, porque pese a sus desencuentros también le pueden
resultar muy valiosos los votos que le aportarían en noviembre.
Por otra parte, la caída del
Frente Amplio deberá ser analizada a fondo, porque algunas encuestas
posicionaban a su candidata Beatriz Sánchez, incluso por encima de Alejandro
Guillier.
Hoy ese electorado está dividido
entre quienes buscan apuntar hacia el centro, versus aquellos que claman por
“izquierdizarse”.