En
los últimos meses la palabra unidad ha sido eliminada en las fuerzas de
oposición y el camino propio a sido la opción más recurrente. Producto
de ello el escenario electoral de abril se presenta con una excesiva
proliferación de candidaturas en todo ámbito, con diversas listas de
partidos e independientes de oposición. La política de centro izquierda
chilena que fomenta lo colectivo y solidario se ha llenado de
individualismos. Muchos dirigentes, partidos y movimientos ven sólo sus
propios intereses y en base a ello toman decisiones y posiciones.
Planificadores de escenarios a largo plazo, logran disfrazar sus
mezquinos propósitos exacerbando diferencias que, si bien son válidas,
no logran ser sustanciales al momento de ver los desafíos País. De esta
forma, la falta de realismo, que impide ver causas comunes, una vez más,
hipoteca las reivindicaciones de los sectores populares.
Lamentablemente el afán de diversos dirigentes y sectores tentados por
apropiarse de la representación de los intereses ciudadanos expresados
en el estallido social, como una forma de proyectar y darle soporte a
candidaturas municipales, parlamentarias y presidenciales, ha llevado a
una probable sobrerepresentación de la derecha en instancias de poder y
del Rechazo en la convención constituyente, de tal forma que podría
constituirse en la más grave derrota histórica y el mayor tropiezo de la
centro izquierda chilena.
Lo
contradictorio de esto (y quizás risorio) es que aquellos actores
políticos causantes de la división y fraccionamiento, sólo para
potenciar caminos propios, hoy sin ninguna autocrítica a sus posturas y
acciones intentan imponer una supuesta supremacía intelectual, ética y
política hablando y exigiendo gestos de unidad a destiempo, sindicando a
otros como probables culpables de malos resultados para la
centroizquierda. Sin embargo, cuando se necesitaba unidad, cerraron la
puerta y sindicaron de enemigos a fuerzas de oposición (de las cuales
algunos eran parte hace poco, al menos cuando les sirvió). De esta
forma, los que fomentaron el fraccionamiento, en todas las instancias,
hoy son agoreros de los resultados electorales de la oposición y una vez
más quienes optamos por la unidad somos sindicados y apuntados con el
dedo por aquellos que promueven la división de las fuerzas populares. Es
como si el Cura de Catapilco apuntara con el dedo al compañero Allende.
Los llamados de unidad programática y electoral se hacen con
democracia, realismo y voluntad antes de inscribir las candidaturas, con
todas las circunstancias, desafíos y costos que ello implica, pero
teniendo claro los objetivos que se pretenden.
Hoy
que el fraccionamiento pone en jaque los resultados de abril y se
apodera de las opciones parlamentarias y presidenciales, los dirigentes
sociales y políticos deben, de cara al país, de cara a los ciudadanos
que exigieron en las calles dignidad y justicia social, hacer un
esfuerzo solidario y honesto por la búsqueda de entendimientos y
compromisos mínimos que permitan sentar las bases del nuevo Chile. La
unidad de toda la oposición, la construcción de grandes mayorías, para
enfrentar con claridad y realismo el fracaso del modelo social y
económico imperante, es fundamental para recuperar el gobierno y avanzar
hacia un Chile más vivible.