Los análisis tras el plebiscito

Si bien han pasado casi tres semanas, veinte días desde el plebiscito, hay muchos análisis que no han visto a la luz porque han sido disfrazados por otras conclusiones carentes de veracidad. La inmensa mayoría de los votantes no obedeció a directivas partidistas, sino a una “simple” aspiración: tener un Estado Democrático de Derecho que funcione, conducido por líderes políticos probos, con sensibilidad social, razonablemente valientes y en lo posible ilustrados. Eso que quede claro, porque esa noche vimos a muchos sacar banderas y celebrar como propio un triunfo que es de casi el 78% de quienes ejercieron el derecho a voto, pero no de los políticos. También es necesario aclarar que no hubo una votación “altísima”, como informaron Servel y algunos trasnochados políticos. La abstención fue levemente inferior a la de la última elección presidencial, que ya había marcado un síntoma de desafección hacia nuestra clase política. Aún queda mucha ciudadanía por reincorporar a la defensa activa de la democracia. Acá en Magallanes se puede alegar contra el padrón electoral pero la participación llegó solo a 66 mil personas, es decir poco más de un tercio de la población. Entonces, cantar victoria es exagerar mucho… Lo que sí es destacable, es que votó un alto número dadas las condiciones sanitarias en las que se encontraba nuestra región. Es destacable que la ausencia de los adultos mayores, temerosos por el virus, fuera suplida por la crecida participación de los jóvenes. Eso es bueno, eso es muy positivo, que se integren los jóvenes. El plebiscito no implica perdón ni olvido ciudadano para la mala calidad de los políticos de gobierno o de oposición. Quienes antes seguían a las derechas, las izquierdas y los centros escuálidos, esta vez votaron a su aire. Ningún dirigente, ningún partido, puede acreditarse ningún resultado.

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