La
geografía tan especial que tenemos como país, un norte árido, una zona
central y sur donde prevalece el verde, una zona austral con la
presencia de un viento majestuoso han propiciado las condiciones
adecuadas para la proliferación de los camaleones políticos. Durante
estos últimos treinta años hemos vistos llegar y multiplicarse a tal
velocidad que ahora es difícil distinguirlos de otras especies.
Por
el morbo que despiertan en las masas algunas de sus riñas
territoriales, mejor dicho peleas, se pierde el verdadero centro del
debate que urgentemente requiere Chile, me refiero puntualmente, al
papel del Estado. Cada cierto tiempo, los camaleones, es decir los
políticos, tienen que cambiar de colores para aprovechar las modas y
tratar de sorprender con sus mensajes a los incautos electores, quienes
seducidos por los matices de las mentiras concurren a las urnas sin
pensarlo dos veces, el ejemplo más claro, el último proceso
constituyente que culminó con un rotundo rechazo de la ciudadanía.
Estos
camaleones, disculpen, Políticos, una vez en el trono, vuelven a mudar
de color, pero esta vez para endulzar su verdadero poder. Si se estudia
con interés biológico el caso de nuestro país, veremos que la
propagación de estos reptiles se extiende a lo largo y ancho de Chile.
Siempre están variando, a veces son verdes, a veces rojos, a veces
blancos que hasta se confunden con las palomas.
Lo
cierto es que a lo largo de estos años han aprendido a mimetizarse,
unos mejor que otros, una forma de adaptabilidad que les ha permitido
dominar al resto de las especies, provocando un daño irreparable a la
flora y a la fauna.
Históricamente
hemos visto como aquellos que, pintados de defensores del estado, más
bien han propiciado desmantelamientos, por otra parte, quienes han
promulgado la destrucción del estado, ahora apuntan a su fortalecimiento
para ganar adeptos, que son los ingenuos de siempre, pues les siguen
creyendo sus falacias. Finalmente, los que han participado de ese estado
por mucho tiempo, lo critican ferozmente de ineficiente, pero no dicen
que han vivido a costilla de él.
Sin
embargo, ninguno de estos camaleones ha preguntado al pueblo, ¿Qué tipo
de Estado quieren los chilenos , pues se supone que en esta nación
vivimos en democracia, de no ser así, sería un disparate pensar que
podemos vivir en un país sin Estado, esta postura no tiene cabida, al
menos no existe ningún país en el mundo así.
Estimados(as)
lectores(as): Frente a los próximos acontecimientos que se avecinan en
nuestro país, específicamente la elección de 50 constituyentes, quienes
serán los encargados de redactar una nueva carta magna, supervisados por
un comité de expertos y otras instancias ad hoc, y un plebiscito de
salida donde nuevamente la ciudadanía tendrá el derecho de aprobar o
rechazar, debemos actuar con absoluta responsabilidad, no solo
concurriendo a las urnas sino que además elegir
a las mejores personas, dejando de lado el sesgo político ya que no es
posible seguir eligiendo a los camaleones de siempre, por lo tanto, no
podemos quedar encandilados por el cambio de colores de estos camaleones
políticos, que solo para los actos eleccionarios y procesos como los
que estamos viviendo aparecen preocupados por los problemas de nuestra
sociedad.
Debido
a lo anterior, quisiera compartir una gran reflexión de Francisco
Maturana: Con su gran sabiduría nos dice que, en los últimos años, Chile
no está viviendo una democracia, porque si hay deshonestidad, no puede
haber democracia. Si vivimos atrapados en visiones ideológicas desde las
cuales la conversación reflexiva no es posible, no hay democracia. Para
que exista, es necesario que volvamos a ser capaces de conversar para
resolver nuestras dificultades, en busca de un propósito común, en este
caso; el bienestar y la paz de nuestro querido país.
Finalmente
a modo de recuerdo y para para que usted lo tenga presente, los
camaleones existen y la estrategia de este reptil es mimetizarse y
emboscar a su presa