En la Región de Magallanes y Antártica Chilena hemos sido testigos durante los últimos años,
de una inusitada violencia intrafamiliar que ha terminado con la vida
de algunas mujeres y hombres. ¿Qué está pasando? Los problemas a puertas
cerradas no han sido solucionados en el momento oportuno. Esto ha
llevado consigo a que se genere un endemoniado odio hacia una persona
cuyo amor incluso llegó a ser jurado ante Dios. Pero, ¿por qué en su
momento no se llegó a pedir ayuda? ¿Vergüenza? ¿Temor al qué dirán? Al
interior de los hogares magallánicos se ha producido una constante
violencia u hostigamiento sicológico que ha llevado a quebrar familias
que para muchos “lucían como grandes ejemplos”. ¿Qué está pasando? Las
políticas que lleva consigo el Servicio Nacional de la Mujer y Equidad
de Género (Sernameg) incentivan a que se realicen las denuncias en forma
oportuna, pero eso no se ha concretado, sino no estaríamos hoy
lamentando hechos policiales que han terminado con muertes difundidas
mediáticamente por numerosos medios de comunicación a nivel nacional.
Debemos poner el pie en el freno y señalar que ya basta de esto y que
desde otras zonas del país
se apunte con el dedo a Magallanes por estos vergonzosos hechos. Las
razones pueden ser variadas, pero ya es responsabilidad de todos lo que
significa no tomar palco en problemas que podamos saber que tienen
nuestros cercanos. Es impresentable que se siga llegando a la violencia
que hoy vemos en nuestra región, con gente que incluso delante de sus
propios hijos actúa de forma inadecuada.