Los debates de la vergüenza… De no creer…

Como
profesor aprendí con el tiempo (¡qué mejor maestro que la
experiencia!), que a los alumnos hay que hacerlo pensar, enfrentar su
realidad, tener una mirada analítica (eso del Juicio Crítico en los
trabajos del recordado Padre Muñoz marcó a generaciones y generaciones y
¡cuánta razón tenía!). El contenido en sí mismo, si no te conlleva a
una habilidad, no sirve de nada (un error más que común que cometemos en
educación), el contenido debe orientarte a habilidades superiores:
pensar, analizar, cuestionar, indagar, ir más allá, llevarte al
cuestionamiento, al por qué, para qué, si no es así, nos quedamos en la
simple instrucción y en el ¿aprendizaje? De lo vacío, de lo
insustancial, de lo que te piden o exigen los ¿mentores? del Ministerio
de Educación. Cuando se habla, se expone, se analiza en paneles de
expertos y cuanto debate exista acerca de la crisis en la educación
chilena, es un denominador común que la educación es mala, que antes era
mejor, que “todo tiempo pasado fue mejor” y caemos en una
generalización más que apresurada. En los debates vimos antiguas miradas
y nuevas y, salvo rarezas y tratando de ser lo más gentil posible,
asistimos a la vergonzosa constatación que entre la educación pública
(tan menospreciada) y la particular (exageradamente ensalzada), no
existe tanta diferencia. Los participantes eran reflejo de ambas
situaciones y todos demostraron el atroz fracaso de los procesos
educativos: en vez de razones, descalificaciones; en vez de argumentos,
ataques personales; en vez de ideas, “palmazos”, en vez de contraponer
pensamientos, contraponían situaciones personales: “tú eres feo, no tú
eres más feo”, “tú ocultas dinero, tú consumes drogas”, “tú eres
inconsecuente, no tú lo eres más”, “yo he trabajado, tú nunca”, “mi mamá
me da manjar Colún tu mamá no” …en fin, disculpen la ironía, pero fue
una vergüenza mayúscula, la escasez de razones, la ausencia de
argumentos, dio paso a las descalificaciones, a las designaciones
peyorativas y cuando ya no quedaba nada que decir, el ataque personal,
la rabia incontenible, esa pésima costumbre de creer que todo el que
piensa distinto a mí es un enemigo, esa peor costumbre de creerse
superior al otro por ideologías, supremacías extremas, esa horrible
condición que se arrojan y arrogan algunos de ser los poseedores de la
verdad, los que bajan desde el monte con las Tablas de la Ley y que
ellos y solo ellos son los llamados, elegidos, para solucionar nuestras
vidas y que todo lo anterior no sirve de nada, los portavoces del año
cero y ¿saben qué?, no necesitamos mesías, elegidos, necesitamos y nos
urge un mandatario (a) que nos presente una visión de país con
propuestas sólidas que signifiquen progreso, un mandatario (a) que
gobierne para todos, que no mienta (sobre todo que no mienta), que
defina posiciones y no que ande “un día sí, otro no”, personas que
muestren autenticidad y que no se anden disfrazando para la ocasión para
aparecer como “el mejor compañero de curso”, en fin lo que arrojó el
debate es más que vergonzoso y más que preocupante porque (a falta de
liderazgos de verdad), uno de ellos nos va a gobernar… Otra cosa: ni la
vejez ni la juventud son una virtud en sí mismas, nadie representa mejor
ni peor al país ni mucho menos las demandas sociales que (todos ustedes
y sus sectores sin distingo alguno), no han sabido ni querido resolver.
Hasta en debates de elecciones de Centro de Alumnos he sido testigo de
mejor nivel y calidad. No estamos eligiendo al presidente de curso: por
favor eleven el nivel y si no son capaces, por favor no nos hagan más
daño con sus promesas extremas, separatistas e inconsecuentes. No me
canso de repetirlo: no nos merecemos esto, nuestro país no se merece
esto. Para todos, como siempre, un abrazo.

P.D.: menos para los ciegos que andan buscando ganadores en debates que son una vergüenza nacional.

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