Avanzamos
en nuestros niveles de vacunación, comenzamos a retomar de cierta forma
la vida acostumbrada hasta marzo del 2020 y, con esto, miramos ya una
posible salida a este largo túnel que dejó muertes, crisis económica y
una salud mental que cuesta sostener.
Los
próximos meses y años serán realmente duros, difíciles, donde todos
tenemos responsabilidad para lograr salir fortalecidos de este remezón
mundial, que por muy lejos que estuviéramos no logramos sortear sin
grandes dificultades.
Pues
bien, tenemos que retomar el desarrollo de la región, claro que sí.
Pero tenemos que parar la pelota un minuto y veamos cuál es la realidad
de nuestras gentes que viven y habitan en el austro de Chile. Las
prioridades deberán cambiar y tener la capacidad de asegurar la vida y
subsistencia de los que menos tienen o más dañados quedaron.
No
es permitible que nuestras vecinas y vecinos, nuestros amigos, pierdan
sus casas y bienes que tanto les ha costado tener con el esfuerzo del
trabajo de toda una vida, por no alcanzar a pagar las responsabilidades
con la banca que no espera ni tiembla. No podemos quedar impávidos cómo
negocios locales, de manos magallánicas, se van al tacho de la basura
por todo este tiempo de pandemia e imposiciones de la autoridad.
Se
ha repetido en innumerables ocasiones que “las y los trabajadores no
pueden ser los que paguen la pandemia”; pues bien, se vienen cambios de
autoridades, entran nuevos mandos también y estamos en pleno proceso de
elegir a consejeros regionales y al propio Presidente. Que nos escuchen
fuerte, siempre por delante deben ir las personas, el bienestar social y
no el cemento.
La
economía local y nuestro desarrollo dependerán de gran forma de la toma
de decisiones de los próximos cuatro años. Dónde se pondrán los
acentos, quiénes serán los principales beneficiados, cuánto podrá ayudar
el Gobierno Regional y nacional en retomar el ritmo de crecimiento y
los empleos que entregaban las pequeñas empresas establecidas en
nuestras comunas.
Tenemos
dudas, y estas deben ser respondidas con franca verdad. La gente pasa
por numerosas interrogantes y demandas. No olvidar que, prepandemia,
vivimos un estallido social que nos mantuvo a muchos en las calles
exigiendo dignidad para todos. Hoy la mochila es más pesada y no se
aguantará la mera posibilidad de seguir tal cual antes.
Creo
en nuestro futuro, un futuro social, donde cabemos todos. Donde nos
podemos mirar a la cara y nadie se quede sin atención médica por no
tener ceros suficientes en la cuenta corriente, donde las tomas vayan
quedando en el olvido dando paso a casas y viviendas dignas.
Para ese futuro hemos trabajado y pedido por tanto tiempo.