Los escaños reservados

El debate sobre los escaños reservados para los pueblos originarios interpela la conciencia política de los chilenos, quizás es el sentimiento de culpa el que nos impide alcanzar un acuerdo. ¿Cuál es la mirada que tenemos de estos pueblos? ¿Hemos superado nuestros prejuicios? ¿Son estos conflictos diferentes a los  que se han vivido en otras latitudes?. Lo cierto, parece ser, que el destino de todos los pueblos y culturas sometidas por la superioridad militar, la cruz y la espada no ha sido diferente. El problema es si los propios valores y principios hoy dominantes en Occidente, acerca de la autonomía de los pueblos y pleno respeto por los derechos humanos nos permite conservar un estado de cosas que se ha prolongado por demasiado tiempo.
Un Estado unitario que no reconoce la diversidad y que desea mantener el culto  a un país que no tiene diversidad racial, de culturas, ni de lenguas, no resulta deseable para estas minorías, y por eso hoy nos pasan la cuenta a quienes no fuimos ni conquistadores ni usurpadores de tierras, pero sí hemos sido sus continuadores, mal que mal el mismísimo Napoleón cuando se convirtió en gobernante de Francia dijo que asumía la responsabilidad de todo lo que Francia había hecho desde los tiempos de Carlomagno, hasta el terror de Robespierre. En nuestro país no hemos asumido nada. Por cierto, no se trata de reconocerles toda suerte de derechos sobre nuestra conciencia, pero al menos  permitirles una justa participación en el futuro institucional del país, y en la tierra que alguna vez fue de ellos.

En qué forma podemos con este reconocimiento hacer justicia con la deuda histórica que aparece comprometida. Así por ejemplo, que justifica el genocidio en nuestra región que hasta la fecha no ha sido reconocido por el Estado de Chile, si no somos capaces de aquello y de reconciliarnos con la historia, como exigir se reponga a su sitio el Busto de José Menéndez.

Esta indefinición es la que hace surgir los temores, nuestra profunda desconfianza por el otro, por cierto recíproca. No se trata de idealizar al pueblo mapuche relegándolos a la obra de Ercilla y Rubén Darío, con su soneto sobre la bravura de Caupolicán, también es esta una forma de discriminar porque asumimos que esto es propio de un pasado salvaje. Tampoco se trata de satanizarlos como pervertidos y viciosos,  sino simplemente  reconocerlos como una cultura diferente, de la cual por cierto no participamos la inmensa mayoría de los chilenos, pero están allí y si han soportando y resistido a pesar de todo lo más probable es que continúen allí.

Luego, lo lógico es reconocerlos y que asuman las reglas del Estado de Chile, diverso y plural, respetuoso de sus diferencias pero unitario  porque nadie desea un país en que haya que presentar pasaporte en Temuco.
No se trata que los chilenos tributen por el pasado, porque al fin y al cabo la pacificación de la Araucanía no fue mejor ni peor que la Guerra del Desierto en Argentina o la colonización de Brasil. Hoy la situación de los pueblos originarios es un tema de derechos humanos, en los Estados Unidos, Canadá, o en la Ex – Unión Soviética, donde  la ingeniería social por instaurar un hombre nuevo generó profundos conflictos que hasta el presente perduran, simplemente una política coherente de derechos humanos nos obliga al reconocimiento y respeto de la diversidad, nada más y nada menos.

Otro problema parece ser la falta de credibilidad, el trauma de los parlamentos incumplidos, el discurso engañoso, la falta de claridad. Qué habría sucedido si se hubiese plebiscitado y la mayoría de la nación mapuche se opusiera a su autonomía, si en la actualidad privilegia el desarrollo, las escuelas y universidades en español, no lo sabemos porque no nos hemos atrevido a preguntar siquiera si prefieren la asimilación.

Así planteado el tema, los escaños reservados pueden ser una oportunidad o un nuevo intento de asimilación, lo cierto es que está todo muy confuso y nuestra clase política no tiene ni las respuestas ni el interés, todo lo cual hace presumir que el conflicto en La Araucanía tiene para rato, y que el Busto de José Menéndez, puede seguir esperando en la Bodega Municipal.

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