La
inmigración se ha convertido en un tema de discusión e inquietud
públicas. Una gran cantidad de personas de distintos países,
fundamentalmente de Sudamérica, han escogido a nuestro país para vivir,
para criar a sus hijos, para progresar económicamente. En sus países no
ha encontrado las oportunidades necesarias para hacerlo y ven en Chile,
el país “neoliberal”, con un nivel de vida superior a sus respectivos
países. Nadie emigra a países con peores condiciones a las del suyo; por
eso no se emigra a Venezuela, a modo de ejemplo. Estas evidentes
circunstancias son negadas por un sector político que discursea diciendo
lo mal que estamos como sociedad; lo desigual; lo pobre que estamos.
Candidatos como Boric, Provoste, Artés, MEO, silencian el porqué tanto
extranjero se dirige a Chile en busca de mejores oportunidades
económicas, mientras ellos declaman que el “neoliberalismo” tiene a
Chile en la pobreza. Pero ya sabemos que la izquierda es impermeable a
la realidad; su ideología les ciega y les contamina.
En
Iquique hubo ataques a inmigrantes venezolanos. Actos repudiables sin
lugar a dudas. Como siempre la izquierda levanta una oportunidad más
para sacar réditos políticos. MEO “indignado” con la situación, pero no
tiene empacho en apoyar al primer causante de la tragedia venezolana,
que hace que sus habitantes busquen desesperadamente mejores condiciones
de vida. Como una situación tragicómica, el embajador chavista en Chile
ofrece a los inmigrantes en Iquique pasajes para regresar a Venezuela, y
estos se niegan; no quieren saber de la revolución bolivariana. Por su
parte, integrantes del comando o del equipo de campaña del candidato
Gabriel Boric, son abiertamente partidarios de la dictadura de Maduro;
incluso el mismo partido comunista la defiende. Todos ellos rasgan
vestiduras con la inmigración en el norte del país, pero callan los
crímenes y asesinatos de opositores venezolanos. Yasna Provoste por su
parte, apunta al gobierno como responsable de la inmigración no
controlada, pero igualmente calla frente al primer responsable de la
huida de venezolanos a nuestro país.
Por
otro lado, qué sucedería si una familia de chilenos tuviera a sus hijos
menores de edad viviendo en una plaza pública, en la calle o en algún
lugar inadecuado, además
de mal alimentarlos: la Defensoría de la Niñez, Sename, las policías o
los Tribunales de Familia actuarían de inmediato para quitarles el
cuidado de esos menores a los padres. Nada de esto sucede con los
inmigrantes y la izquierda está afanosamente ocupada en hacer un punto
político de dicha situación, antes que ocuparse de tales menores. Lo
mismo sucede con organismos internacionales que igualmente rasgan
vestiduras por el ataque a los inmigrantes en el norte del país, pero
permiten que una dictadura socialista y comunista como la venezolana,
siga actuando a sus anchas desangrando a dicho país.
Ciertamente
que los chilenos somos acogedores con quienes de manera honesta quieren
venir a nuestro país, pero el ingreso debe ser por las vías que la
legislación nacional establece. Países como Canadá, Australia y de la
Unión Europea, aún en casos de petición de asilo político o refugio, son
estrictos para el ingreso de tales solicitantes. En Chile en cambio, la
izquierda pretende dejar entrar a quienes lo deseen, sin examinar
siquiera si el país está preparado para la llegada de tantos
extranjeros.
El
único candidato que propone aplicar la ley, ordenar la entrada al país y
ver este problema como uno de seguridad nacional, es José Antonio Kast.