Los gobiernos de los mejores

La
ética en la política no debiera aparecer sólo en época de campañas.
Quienes predican con las “agendas éticas” suelen argumentar que la
función pública requiere y merece ciudadanos capaces de cumplir con un
estándar de virtud superior al mínimo legal. Y debiera ser así. ¿O no?
Pero también por mucho tiempo hemos escuchado decir que todos los
gobiernos van a trabajar con los mejores. Que en cada designación de
función pública se nombrará a los mejores. ¿Y qué pasa? Terminamos
viendo a los mismos de siempre, incluso en este Gobierno que debió echar
mano a muchos personeros que fueron autoridades especialmente en el
segundo gobierno de Michelle Bachelet. También están aquellos que tienen
algún lazo de amistad o hasta sanguíneo con “alguien”. Por eso es bueno
acordarse de la ética, pero que no se nos olvide mañana. Que nos
acordemos cada día, para que no sigan ocurriendo vergonzosos hechos que
hablan de apr
ovechamientos
de cargos. Este estándar debe buscarse afanosa y diariamente, más en el
silencio del testimonio que en la prédica electoral. Muchos tendemos a
mirar la paja en ojos ajenos ignorando las vigas en los propios. En
política se han visto “muertos cargando adobes” y ojalá no siga
ocurriendo porque afortunadamente nadie es condenado al fuego
purificador, pero la virtud es una espada demasiado pesada, que suele
caer sobre el rostro del mismo que la levanta amenazante contra los
demás.

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