Los grandes derrotados de la noche

Hace más de un año adelanté que el proceso constituyente (yo le llamé “arreglín constituyente”) iba a fracasar. Fue un proceso impuesto por los presidentes de los partidos, quienes buscaron torcer el mandato popular del 4 de septiembre de 2022 y usaron este plebiscito como una excusa para desligarse de la responsabilidad de trabajar por los reales problemas de los chilenos y de las chilenas. Este domingo 17 el pueblo de Chile habló, por segunda vez, y les volvió a decir que No a la propuesta constitucional. Los votantes no solo rechazaron el texto, sino que también estuvieron en contra de ser usados y utilizados por un sistema político desconectado de la realidad ciudadana, que buscó imponer un pie forzado sobre los votantes y que quiso usar este proceso como una plataforma presidencial. Empujaron por imponer a un grupo por sobre otro desconociendo las realidades personales y los intereses colectivos, al punto de mandar a joder a los adversarios como si fueran objetos desechables. No es la manera de convencer ni de construir Chile, porque una de sus principales virtudes que hoy está olvidada, es precisamente su diversidad y su pluralismo. Pasamos de la política de la “cancelación” a la del “joderse” por pensar distinto, pero ambas propuestas terminaron perdiendo. El país no quiere eso y ya está cansado de que jueguen con sus aspiraciones, con sus demandas y con sus ansiedades. Mención aparte es lo ocurrido con el Partido Republicano y su principal líder, José Antonio Kast, quien en más de una ocasión señaló que Chile no necesitaba una Constitución, después estuvo por el rechazo y ahora se la jugó por el A Favor. ¿Por qué esos cambios de opinión? Simple, quiso convertir el rechazo en su plataforma presidencial al punto de engañar a su militancia y electorado. El resultado lo golpeó duramente y lo deja debilitado de cara a las próximas elecciones presidenciales, un escenario que sin duda alguna no estuvo entre sus planes.

El oficialismo también ha sido derrotado, pues sus principales rostros políticos empujaron por este proceso, ya que “había que darse una nueva oportunidad”, pero el cálculo les salió mal. Lo peor que pueden hacer los presidentes de los partidos y sus voceros es apropiarse de la votación obtenida, ya que ellos no son parte de la solución sino que el problema y también torcieron el mandato popular. Es mejor guardar silencio por un buen tiempo.  La ciudadanía habló y sin duda alguna el principal ganador de este nuevo fracaso constituyente.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS