Los jueces del convencional Mauricio Daza

Después
de un largo periodo de instalación, la Convención Constitucional ya ha
entrado al terreno de las propuestas. En este contexto, durante las
últimas semanas, el convencional por Magallanes, Mauricio Daza, ha hecho
noticia por su respaldo y promoción de una serie de reformas a la
carrera judicial, las cuales destacan por ser incompatibles con la idea
de un estado democrático de derecho.

Daza
plantea limitar la duración de los jueces en sus cargos, estableciendo
la posibilidad de reelección. Esto, que a primera vista pareciera atacar
la existencia de autoridades “apernadas” en sus cargos, es
particularmente problemático cuando se trata de los jueces. En las
democracias modernas los jueces son inamovibles porque de este modo
pueden dedicar su carrera profesional solo a la judicatura. La idea
detrás de este diseño institucional es que los jueces no estén
preocupados de su futuro laboral, lo que puede afectar su independencia e
imparcialidad. Cuando los jueces no son inamovibles, por un lado,
quedan a merced de las presiones políticas de los órganos encargados de
decidir su reelección y, por otro, podrían perder imparcialidad al
fallar en juicios donde exista un privado que sea un potencial empleador
una vez finalizado su periodo.

La iniciativa apoyada por Daza ha sido criticada transversalmente. Se han manifestado
contrarios a ella el Colegio de Abogados, académicos como Cristián
Maturana y Fernando Atria, ex miembros del Tribunal Constitucional, como
Marisol Peña y Jorge Correa Sutil. También lo hizo la misma Corte
Suprema, que, a través de un documento en el que daba cuenta de lo
señalado por distintos órganos internacionales y la jurisprudencia de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos, hizo ver lo obvio: que la
inamovilidad es fundamental para la independencia de los jueces.

A
pesar de todas estas críticas, Daza ha defendido su propuesta. El
convencional por Magallanes, que ha construido su carrera sobre la base
de la teoría de la conspiración, ha acusado que esto trata de una
defensa corporativa de los jueces, y que en realidad su propuesta iría
en favor de los ciudadanos. También ha argumentado que los jueces de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos son reelegibles, comparación
disparatada si se tiene en cuenta las inmensas diferencias entre un
tribunal doméstico y uno internacional, ya sea en cuanto a cómo se
designan sus miembros o a las distintas presiones políticas a las que
están sujetos. Daza también ha señalado que la reelección estaría a
cargo de un órgano técnico e independiente, sin decir cómo estaría
conformado. Es importante destacar que incluso si el mecanismo de
designación fuese el que se utiliza para los consejeros del Banco
Central (propuestos por el Presidente con ratificación del Senado),
bastaría que el Presidente tenga el mismo color político del Senado para
que los jueces perdieran su independencia. Esto sin siquiera considerar
que el mismo Daza ha instado por un Banco Central sometido al control
político, o sea, dependiente del mismo.

Como
si esto fuera poco, el Convencional Daza también ha apoyado una norma
transitoria que propone la creación de una Comisión de Evaluación,
compuesta por personas designadas por el Presidente, para evaluar y
eventualmente remover jueces de la Corte de Apelaciones y Corte Suprema.
Esta iniciativa, que busca someter a los jueces al poder político, deja
pavimentado el camino hacia un estado totalitario. De hecho, una
propuesta similar permitió a la Asamblea Constituyente de Venezuela,
logrando “limpiar” el poder judicial de dicho país.

Un
juez independiente es una garantía para cualquier ciudadano en un
estado democrático y la experiencia ha demostrado que la inamovilidad de
los j
ueces
es la mejor manera de resguardar su imparcialidad. Esto, sin perjuicio
de que siempre es posible mejorar la carrera judicial. Por lo demás, la
independencia de los jueces resulta indispensable para el control del
poder político. De hecho, la independencia del poder judicial es lo
primero que se resiente en regímenes autoritarios. En ese sentido, la
propuesta apoyada por Daza hace eco de lo que alguna vez dijo Marx
(Groucho, el humorista estadounidense): “La política es el arte de
buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar
después los remedios equivocados”.

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