Los mínimos de los demagogos

De
alguna u otra forma la encuesta CEP vino a ratificar algo que hace rato
se olfatea, hay pesimismo respecto al futuro de Chile, incluso la
sensación de decadencia bordea el 40% y reina la desconfianza en las
instituciones, donde el Gobierno, el Congreso y los partidos son los
peor evaluados. Nada raro que la demagogia vaya creciendo y que figuras
como Pamela Jiles se eleven con un 54% a nivel de valoración positiva,
mientras viejos políticos como Sebastián Piñera y Guillermo Teillier
figuran en los peores lugares. El otrora culto a la juventud como
contraste a la vieja política tampoco sirve, pues el diputado Gabriel
Boric también figura entre los peor evaluados. No basta tener menos
arrugas. Tampoco sirven las frases grandilocuentes sacadas de películas
ni oficiar de disciplinado burócrata partidario.

La
semana en que se discutía el tercer retiro fue una muestra del
desenfreno demagógico al que se ve expuesto Chile. Pamela Jiles no solo
dominó la agenda legislativa y noticiosa, sino que las emprendió contra
“la miserable clase política” y contra algunos periodistas que la
entrevistaron por televisión. Pero además, alimentó el apetito por las
luces de políticos que se le arrimaron rápidamente, como el diputado
Silber o que se le oponen como el diputado Schalper. Otros, varios,
simplemente dijeron que no estaban de acuerdo con lo que pensaban el día
anterior. Lo increíble es que todos se alinean a sus pautas que son las
pautas del rating. Pero alguien, en medio de la bataola, mantuvo la
distancia de la borrachera demagógica, Yasna Provoste.

La
disposición a buscar un acuerdo con el gobierno en torno a una agenda
de mínimos comunes, rápidamente la puso como un liderazgo político
importante en medio del desmadre circense. Ximena Rincón, quien no ha
dudado en alinearse con el discurso demagógico, quedó mirando de reojo. A
diferencia de ella, Provoste está haciendo Política. ¿Responsabilidad y
convicción? Quien sabe. El punto es que la ciudadanía parece valorar
esa conjunción pues en la CEP, sin ser candidata presidencial, es la
mejor evaluada del bloque Unidad Constituyente por sobre Heraldo Muñoz y
Paula Narváez, quienes no han mostrado liderazgo y han sido más bien
condescendientes con el desmadre demagógico.

Así,
Chile se bate entre dos caminos contrapuestos. La zanja demagógica que
ha ido creciendo o el cauce político que es más lento pero previsible.
Más allá de lo que se prometa, porque todos prometen lo mejor bajo su
poder, lo clave es el modo en que se procede. Y si somos honestos, desde
octubre de 2019 hay sectores que han optado por el desmadre total, con
una pata en el Congreso y otra en la calle, sin mediar reglas, ni
procedimientos, ni el respeto a la palabra empeñada, ni consecuencias.
Por eso no es raro que frente al llamado de la presidenta del Senado, al
diálogo y la búsqueda de acuerdos en función de una agenda de mínimos
comunes, el Frente Amplio y el PC se opusieran. No les conviene porque
eso implica reciprocidades, límites, y entonces no les sirve para su
retórica insurreccional y refundacional. Así, los que más hablan de
democracia, de diálogo, parecen querer que el ejecutivo gobierne, en el
contexto de las urgencias sanitarias, simplemente por decreto. Peligrosa
predisposición antidemocrática que no solo favorece las tendencias
oligárquicas, sino el afán autoritario de quienes creen en el asalto al
poder o en vanguardias partidarias.

Probablemente,
la queja también responde a algo aún más ramplón, tales fuerzas
políticas carecen de representación en el Senado. Es decir, en el fondo,
su rechazo no tiene que ver con la gente, sino con el poder, con perder
la capacidad de presión sobre el gobierno bajo todas las formas y
medios disponibles. Porque no les interesa que haya gobernabilidad sino
la sensación de desbarajuste. Les acomoda más el desmadre, visible
también en la farándula de la Cámara baja (imagine el desastre
unicameral), porque eso les permite imponer su voluntarismo sobre el
gobierno, sin mediar las reglas, instituciones y contrapesos. Ese es el
mínimo de los demagogos. Ese es también el embate que siempre ha
terminado con las Repúblicas. Quizás, como en la antigua Roma, el Senado
ponga la templanza. Ojalá así sea.

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