Los nuevos Motudas

El
cambio en el equipo legislativo es como en la rotación de un encuentro
deportivo. Desde las graderías se gritaba de manera enfurecida por la
salida de un personaje que tuvo una dudosa participación en el Congreso
al cual solo se afirmaban los cada vez más sorprendidos y disminuidos
votantes (si su elección fue por arrastre, salvo su familia, difícil es
imaginar que aún tuviera adherentes) y nuevamente comenzó el
precalentamiento para que en su lugar lleguen otros especímenes: así
tendremos en la cancha a la Cordero, a Kaisser y a Naveillán, entre
otros. Cada vez que hemos hecho un análisis sobre la presión de los
medios en la conciencia de la ciudadanía hemos pensado en esto: en que
se levantan imágenes de personas que quedan solo en la retina y que con
su verborrea desatinada y deslenguada dicen lo que a la gente pareciera
querer oír. Flores de olor hediondas que nos acostumbramos a soportar
mientras dure el momento de sus intervenciones, porque son flores de
temporada o serán entretenimiento de una simple entrevista. Dudo que
alguien esté dispuesto a soportar convivir con ellos con esos aires de
superioridad moral, ideológica o académica con la que derrochan su
arrogancia. Apenas han sido electos y ya se han imaginado sentados en un
trono gracias a los votos obtenidos de aquellos que vieron caras y no
corazones. Aquellos que los prefirieron frente a otros de menor o dudosa
reputación o porque la propaganda les puso la hoz y el martillo en la
frente a sus contendores como lo hicieron los nazis con los judíos en
Europa. De la Carrera y su monosilábico discurso y adicción a las fake
news dará mucho que hablar. Si la idiotez tiene cara, la imagen es la
que estos representan: indolentes, sectarios y psicóticos. ¿Cómo es
posible justificar o relativizar los dichos aberrantes de Kaisser sin
siquiera arrugar el ceño por la vergüenza? Por más que haya presentado
su renuncia a su partido sigue siendo representante del pensamiento de
aquellos que lo incorporaron a sus filas y que, lamentablemente,
comulgan en secreto con sus conceptos. ¿Cómo es posible que Naveillán,
luego de saber los hechos por los cuales se hizo público su compañero de
pantalla, no haya tenido la menor empatía por lo que acontecía y lo
deplorable de las afirmaciones que, aunque sea en sorna, hacia una
persona transgénero? Esto confirma la afirmación del párrafo anterior.
¿Con qué cara va a enfrentar a las diputadas de los otros partidos cua
ndo
se inaugure el año lectivo en el mes de marzo? Las cámaras estarán tras
ella y de la ofendida, mientras sus adherentes y sus familias tendrán
ese retorcijón estomacal por la estupidez que le seguirá por todo su
período. ¿Con qué derecho la Cordero tiene el descaro de ironizar con el
derecho a voto de personas que no están preparadas académicamente como,
supuestamente, ella goza? El valor del voto, según ella, no tiene el
mismo peso entre las distintas personas según su formación. Nada más
retrógrado y medieval que ello. La pregunta que nos hacemos: ¿habría
salido electa de no ser por los votos de todos aquellos ignorantes que
ella misma reprueba? Sin duda no habría obtenido el escaño, porque la
“gente ilustrada” no espera ser representada por alguien con tan pocos
bonos sociales.Los nuevos Motudas llegarán al Congreso gracias a sus
votaciones y deberemos estar atentos a sus intervenciones, donde en vez
de canturreo y trajes sicodélicos los veremos con sus sombreros de
texano o con sus tejidos de croché y olvidándose, como el solitario

cantante, que están en el lugar donde se hacen las leyes y no en un
programa de televisión. Entonces tendremos no uno, sino al menos tres
elementos que creen que son el ombligo de nuestra sociedad, y eso que
aún están apareciendo otras flores fertilizadas con el mismo modelo.

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