No
recuerdo exactamente qué año ni en qué medio, pero se me vino a la
memoria la sentencia de la entonces Ministra de Justicia, Mónica
Madariaga que dijo: “creo que es tiempo de callar”, cuando tomó
conciencia del espanto y horror del que había sido parte en la dictadura
que -dicho sea de paso y ya que está en boga-, el inefable ¿periodista?
Matías del Río nominaba como “régimen cívico-militar”, régimen, pues,
régimen, pero, en fin, es Matías del Río que sin duda aparecerá en
alguna columna futura… Pero “volvamos a los tiempos de callar”. Hoy en día son muchas cosas que están en juego, demasiadas… Producto
de una campaña de desinformación mal intencionada y tendenciosa de un
sector de la derecha política que no entiende que el terror ya no da los
resultados esperados y que ha fallado sistemáticamente en los últimos
años, las autoridades de turno debieran simplemente ¡quedarse callados! Y
hablar lo justo y necesario. Flaco favor han hecho las recientes
declaraciones de los voceros del nuevo gobierno y, en vez de ayudar,
consolidar y dar la necesaria confianza ante el proceso constituyente
que finalizará en unas semanas más, han hecho todo lo contrario.
Desafortunadas (por decirlo suavecito), poco criteriosas, sin análisis
previo, sin medir las consecuencias, están corriendo definitivamente por
un carril equivocado, muy equivocado y ni qué decir de las chambonadas
que uno pudiese justificar por la inexperiencia, pero que francamente
caen en la estupidez. Creerse moralmente superiores al resto por estar
en tal o cual sector político -lo he dicho antes y lo reitero con más
convicción que nunca-, me parece llanamente de una soberbia que por lo
demás era esperable y que ya había anunciado meses antes. ¿En serio se
creen superiores? ¿Quién les hizo creer que son los súper-héroes de la
política nacional? ¿De verdad ustedes se creen el “año cero” y que antes
nada existía nada o era todo malo? Así no se construye “cultura cívica”
ni menos encuentros ni reconciliaciones. Levantaron un discurso en base
a palabras como el fracaso de la izquierda, hicieron tabla rasa de lo
“viejo” y producto de su juventud, se creyeron el relato de “ser
mejores” no entendiendo un principio tan básico que consiste en que ni
la juventud ni los años son virtudes en sí mismos y cuando se vieron
“por las cuerdas”, cerraron filas con los antiguos fracasados, se
tomaron de la mano con los otrora enemigos y bailaron el mismo baile con
quienes significaban lo peor de “los 30 años”, pero, duró poco, porque
sólo fue una estrategia electoral, una maquinaria que funcionó bien,
pero que -ante la contundencia de la realidad político-económica-social
del país-, les demostró otra cosa y volvieron a la lógica de los
acuerdos y alianzas que antes detestaban. Decir que pidamos créditos
para cambiar nuestro sistema de combustible por uno a gas, es por donde
se mire y analice una pelotudez del porte de un buque. Olvidar las
promesas de no amiguismo ni favores políticos a estas alturas ya es un
chiste, ni mencionar los sueldos de estos nuevos funcionarios públicos
que encontraban una aberración la cantidad que se ganaba, pero que ahora
cobran sin remordimiento alguno y para qué vamos a hablar de mérito o
aptitudes o de dar preferencia a lo “regional” porque ése es otro chiste
y malo además… Por
el bien de una nueva Constitución (absolutamente necesaria para los
destinos futuros de nuestro país), insisto: ¡cállense por un buen rato!,
un largo rato porque de seguir con la tonterita de andar disculpándose
cada semana por los dimes y diretes, sólo gana terreno la derecha y su
opción por el rechazo (tan válida, por supuesto, como la de los que
queremos aprobar). Quedan semanas, muy poco tiempo como para darse el
lujito de arrojar por la borda el esfuerzo de muchos que están bogando
por aprobar nuestro nuevo texto constitucional. ¡Sáquense sus capas, sus
tenidas, olvídense de sus multiversos y preocúpense de cumplir las
promesas de campaña y no caer en el descrédito -de Presidente para
abajo- de andar haciendo piruetas y malabares como la otra tontera de
hacer payas para un retiro y después salir con que “es una mala política
pública”. Ustedes son pasajeros (como todos), dentro del escenario
político chileno, no son eternos ni menos, pero absolutamente menos
“mejores moralmente”. Para todos, como siempre, un abrazo.
P.D.:
menos para los tontines que siguen hablando pelotudeces. ¡Asuman la
altura de sus cargos de una buena vez! Les insisto: hay demasiado en
juego y mucha soberbia de por medio. No se crean el cuento.