Los progres y el patrimonio

En
este último tiempo hemos visto grupos de activistas, poco pensantes,
que atacan arte en nombre de cualquier causa. La falta de respeto hacia
el arte y el patrimonio se ha dejado ver por aquellos que creen que el
mundo nació con ellos. Se trata de una generación de la abundancia que, a
falta de problemas reales, han empatizado con diversas causas
promovidas por otros grupos ideológicos. Sí, se trata de jóvenes
manipulados que “sienten”, pero piensan poco. Se creen rupturistas por
ir contra el mundo y el sistema, pero alimentan al sistema que repudian.
Han creado el mercado de los “veganos” y “ambientalistas” que mueve
millones de dólares. Critican y gritan desde redes sociales en sus Smart
phones de última generación y aborrecen la producción de energía, pero
morirían sin ésta. Como supuestos rebeldes, están dispuestos a ofender
a muchos para imponer sus ideas minoritarias. Son reales “fascistas”,
aunque se declaren “antifascistas”. Han abrazado las ideas progresistas
y, sin entender mucho de que se trata más que de una moda, no son más
que “progres”, versión sin sustancia de las ideas del siglo XIX.
Buenistas, que no entienden ni miden las reales consecuencias de las
ideas que proponen. “Parar el mundo” en su producción o “decrecer”, como
proponen algunos, tiene un impacto real en personas reales, no es sólo
una idea inicua. Como los terroristas, cometen acciones para buscar
prensa. No respetan a nadie ni a nada. No aceptan que otros piensen
distinto y con tal de imponer, están dispuestos a acciones violentas
vestidas de supuesta “desobediencia civil”.

Esta
semana vimos a dos activistas atacar las ancestrales piedras de
Stonehenge, el monumento megalítico más importante del mundo. Pero estas
acciones se ven de modo recurrente, desde hace un tiempo, a nombre de
supuestas causas nobles, todas secuestradas desde las izquierdas. El
ataque al arte no sólo se ve en estas acciones, sino en el “feísmo” que
se pretende imponer o en acciones como las que vimos en el Museo de
Bellas Artes de Chile, donde retiraron los marcos de los cuadros por ser
“muy apatronados”, es decir “muy burgueses”. Ideología pura y dura. El
arte y las galerías les molestan per se, representan el mundo que
pretenden dejar atrás. Como además son ignorantes, no respetan ni
dimensionan que significa lo que en esos lugares se expone. El
progresismo no mira hacia atrás, solo hacia delante. El pasado no les
interesa.

En
2022, un hombre lanzó una torta a un cuadro de Leonardo da Vinci
expuesto en el Louvre exigiendo acciones contra el cambio climático.
Hubo ataques a “La Primavera” de Boticelli en la Galería de los Uffizi
de Florencia y a la “Masacre de Corea” de Picasso expuesta en Melbourne,
Australia. Hubo ataques a “El Sembrador” de Van Gogh, “Las Majas” de
Goya en el Museo de El Prado. Activistas de “Just Stop Oil” lazaron sopa
de tomate a “Los girasoles” de Van Gogh en la National Gallery de
Londres. A las pocas semanas hubo una acción similar en el Museo
Barberini en Alemania cuando lanzaron puré de papas sobre “ Les Meules”
de Monet. También sufrieron ataques “ La Joven de la Perla” de Johannes
Vermeer y “Muerte y Vida” de Gustav Klimt. En 2024 la Gioconda en el
Louvre volvió a ser atacada ahora con sopa sobre el vidrio por el grupo
“Risposte Alimentaire”, que denunciaba que en Francia se desechaba el
20% de los alimentos y que eso tenía implicancias sociales y de
sustentabilidad. Para ellos nada es sagrado. Buscan atentar contra el
sistema, porque ven el mundo ideológicamente y las causas que abrazan
son instrumentales para algo más. El mundo, por su parte abrazó el
buenismo y permitió el avance de esta estupidez. La pérdida de la
autoridad fue parte del trabajo de la agenda ideológica imperante. De
hecho, los castigos penales a los activistas ante estas acciones han
sido mínimos. De hecho, la pena más alta fue la recibida por Shakeel
Ryan Massey tras atacar y dañar un busto de Picasso en la Tate Modern de
Londres. La condena fue de sólo 18 meses de prisión.

Ahora
fue el turno del monumento megalítico más importante del mundo,
patrimonio de la humanidad, Stonehenge. Circulo solar construido entre
el 3100 y el 1600 a.C., lugar sagrado desde entonces y hasta hoy. El
complejo como todos los años en esta fecha, estaba abierto al público,
sin perímetro de contención, por el solsticio de verano. Manifestantes
ambientalistas, un joven estudiante de Oxford de 21 años y un hombre de
Birmingham de 73 años, pertenecientes a movimiento “Just stop Oil”
rociaron la estructura con pintura naranja. Cual Terroristas los
activistas publicaron en la red social X una exigencia al gobierno para
firmar un tratado vinculante para eliminar gradualmente los combustibles
fósiles para 2030. O sea, un grupo minoritario exige mediante la fuerza
los cambios que ellos desean. De hecho, este grupo en el mes de mayo
había roto el cristal de la Carta Magna en el Museo Británico.

Todas
estas acciones no ayudan a ninguna de las causas a las que
supuestamente estos grupos defienden, sino todo lo contrario. Hoy la
opinión pública repudia las acciones y con esa misma emoción, termina
odiando las causas que pretenden defender. La tiranía de las minorías
tiene cansada a las mayorías que tienen más que claro que “las piedras” y
el arte no tiene nada que ver con el medio ambiente y otras causas.
Solo deja evidencia de gente poco inteligente, con incapacidad de libre
pensamiento, manipulados y sin sentido de la realidad. En el mundo hay
cosas sagradas y sí hubo hombres y mujeres antes que nosotros que deben
ser respetados. No hay posible respeto al medio ambiente sin respeto a
la tradición.

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