Que el proyecto de constitución de este año no une. Que contiene gastos excesivos. Que ataca a la inmigración ilegal. Que ayuda a los ricos. Y una retahíla de males y defectos que tendría el proyecto a plebiscitar. Por eso están en contra y se tiran casi con furia porcina contra el texto. Buscan el detalle; el mínimo error; hasta la palabra mal puesta. Cierto que cada uno tiene derecho a tener su opinión y dar sus fundamentos. Cierto es también que se puede cambiar de opinión, aunque uno quisiera razones sólidas para tales cambios.
Sin embargo hay un hecho que no debe ni puede soslayarse. Porque explica en el fondo la razón por la cual muchos de ellos están por el En Contra. Para el plebiscito de septiembre del año pasado y respecto del proyecto de Constitución redactado por la convención constitucional, ellos estuvieron por aprobarla. Era su propuesta. Fue para ellos la oportunidad de refundar el país; de cambiar su historia. Fue su oportunidad de hacer un país a imagen y semejanza de su ideología de género, animalista, ecologista, feminista, indigenista, anti capitalista, socialista, plurinacional, con sistemas de justicia diferenciada, etc. Con entusiasmo nos quisieron convencer que ese era el camino que el país necesitaba y que el pueblo les había dado un mandato total y absoluto para ello. Casi con un sentido religioso y mesiánico recorrieron el país anunciando “la buena nueva” de su Constitución. La realidad chocó de frente con sus aspiraciones, aunque para ese tipo de ideologías si la realidad va en contra de aquella, que mal para la realidad.
Entonces tenemos que para un sector del país la propuesta de la convención constitucional del año pasado era y es la correcta. El Presidente Boric llegó a decir que ellos estaban más avanzados que el pueblo y que por eso el país no entendió su propuesta constitucional. Luego, para ese sector político no es asumible que aparezca un proyecto que recoja la tradición constitucional chilena; que no refunde ni divide al país; que no contiene sistemas de justicia diferenciadas; que es moderada; que fue elaborada en democracia con todas las garantías democráticas y que fue redactada por dos órganos también democráticos ¿Cómo podrían estar de acuerdo con un proyecto que no fue redactado por ellos y que no recoge sus ideas disruptivas? Siempre buscarán el pelo en la sopa. El En Contra para ellos es natural y buscan y rebuscan en el texto razones alambicadas para votar en contra.
Y como si fuera poco, la única manera que tienen para mantener viva la llama de otro proceso constitucional es que se vote en contra este 17 de diciembre. Saben que de triunfar la propuesta, su aspiración de una asamblea constituyente se les esfuma. Porque para gastar y gastar dinero en un tercero, cuarto, quinto u otro proceso constitucional, no escatiman en gastos. Saben los que votaron Apruebo en septiembre del año pasado que su única oportunidad de refundar el país es teniendo otra chance en un nuevo proceso constituyente. De ganar el A Favor se cierra de manera definitiva y por muchos años, cualquier otro proceso en ese sentido. Esto les asusta. Les deja fuera de juego. Una parte importante de sus aspiraciones políticas, muere con el A Favor. Basta con ver la franja televisiva para darse cuenta la angustia en la que están sumidos quienes ayer votaron Apruebo y hoy votan En Contra.
Es evidente que el texto a plebiscitarse el próximo domingo es perfectible. Casi de Perogrullo. Pero el A Favor tiene la virtud de terminar por muchos años cualquier proceso constituyente.