El
Gobierno que pasó a encabezar Gabriel Boric hace poco más de un año es
el mandato más difícil desde el retorno a la democracia. Y eso lo sabía
bien Boric incluso antes de la campaña presidencial. Mire, anote los
graves inconvenientes con los que se encontró y que en más de 365 días
no ha sido capaz de dar solución: la inmigración está desbordada. En el
norte del país los extranjeros que ingresan irregularmente están
delinquiendo, atacando a carabineros e incluso tomándose viviendas de
nuestros compatriotas. Están habitando en carpas por todos lados y cada
vez el fenómeno avanza más hacia el sur y no se extrañe que si la
pandemia desaparece, lleguen masivamente a Magallanes. Delincuencia y
narcotráfico ya se apoderaron de gran parte del país. Usted dirá, pero
en Magallanes no vemos tanto el portonazo o la encerrona, sí pero está a
la vuelta de la esquina; Chile es el tercer exportar de drogas en
Latinoamérica y las grandes ciudades están apoderadas de ellos. Con
armas, con amenazas y con la complicidad de muchos. Boric tampoco ha
sabido enfrentar la sequía, con una economía por el suelo, con la
inflación más alta en décadas, con una deuda que sube como la espuma;
con altos precios de los alimentos; con un costo de la vida que no para
de subir; con los problemas en La Araucanía; con la nueva Convención
Constitucional que deberá elaborar una nueva Carta Magna que satisfaga a
la mayoría de los chilenos. El magallánico deberá seguir gobernando
con un equipo de trabajo con muy poca experiencia y compartir la
dirección con un Partido Comunista excesivamente celoso del
incumplimiento de las promesas electorales, muchas de ellas son demandas
sociales que todos sabemos no se concretarán en un futuro cercano. Hay
mucha gente que partió muy ilusionada y cree y confía en nuestro
coterráneo. Pero, ¿qué pasará sino se siguen concretando muchos de los
cambios anunciados? Porque no se trata de gobernar con el populismo y
beneficiar a todos aquellos que impulsaron el estallido social, se trata
de administrar una nación que venía bien, que poseía bases sólidas y
que había que reestructurarla solamente, no anunciar a viva voz una
refundación sino tenemos la capacidad de hacerlo.