Los sospechosos de siempre… Como callampas después de la lluvia

Usted,
yo, millones, estaremos depositando nuestro voto una vez más en las
urnas. Después del revuelo (algunos más moderados, otros francamente
desesperados), se desplegaron todos los recursos posibles para
persuadirnos acerca de una opción. Usted a lo mejor no se dio cuenta,
pero como es costumbre y haciendo oído sordo de lo que la gente votó en
el plebiscito pasado, aparecieron otra vez los partidos políticos con
toda la maquinaria que nos tiene tan cansados. Se olvidaron como si nada
que la gente -además de votar mayoritariamente por una Convención-, les
dijo de pasada “ustedes no” y ¿adivinen?: exacto, como el buitre
sobrevolando la carroña, se mantuvieron lejanos, pero poco a poco se
fueron acercando hasta apoderarse de algo que no les pertenecía porque
si de a
lgo
estoy convencido es que la gente los despreció, sin embargo ahí están,
otra vez los representantes de los partidos políticos como portavoces
del apruebo o del
rechazo… No
entendieron nunca (o se hicieron los #$%&/) que este proceso no es
de ustedes, es de la gente, de las movilizaciones, de la ciudadanía que
reclamaba por 30 años de abusos, de marginación propiciada y avalada por
esta ¿clase? política que, viendo amenazados sus privilegios -¡y vaya
que son muchos y no los han disminuido!-, cerraron filas, otra vez nos
dieron el portazo y se apoderaron de un proceso que -entre otras cosas-,
pretende quitarles el protagonismo. En este vendaval de volteretas y en
la desesperación por mantener las prebendas que les da nuestro sistema
de partidos políticos, apar4ecieron los que otrora hablaban de la
Constitución del tirano, de la Constitución del dictador, de un texto
que no representaba a la mayoría, de un texto que había sido escrito
entre cuatro paredes y por muy pocos (esto, por lo demás absolutamente
cierto y un hecho históricamente irrefutable aun cuando algunos
fanáticos digan que no) y, por arte de magia, ahora defienden ese texto
demostrando que las convicciones políticas es homologable a nuestro
clima, o sea, impredecible. Vergonzoso (por decirlo suavecito), que
algunos enconados enemigos del texto constituyente del pasado, hoy día
lo alaben, lo defiendan y salgan (disculpen los que creyeron esto), con
la contradicción de que ahora sí vamos a reformar, que ahora sí vamos a
escribir un texto que nos una y no divida (como si la Constitución
antigua fuese la convocatoria de la hermandad y la igualdad),
un
texto que nos “represente a todos”, olvidándose que el texto anterior
precisamente no era representante de las mayorías y (hagan memoria y
revisen la historia), el mismísimo Jaime Guzmán lo dijo: “un texto que
constriña de tal manera al adversario que haga una cosa que no difiera
de los propios intereses”. Bueno, ése era el espíritu del texto
anterior, ése es y esto es lo que algunos quieren seguir manteniendo: la
lógica que el dominio de la gente quede a manos de las minorías, o sea,
los partidos políticos. Personalmente me revolvía la “guata” leer y
escuchar a los que dicen defender al “pueblo” cuando se mandaron la
voltereta del siglo respecto del retiro de fondos de pensiones con payas
incluidas. Ésa es la gente que quiere ahora apoderarse del triunfo
obtenido por la gente en las calles y en el plebiscito de entrada, o
sea, la oligarquía política que no quiere perder nada y que -viendo el
río revuelto-, ¡zas!, aparecieron como los salvadores, los iluminados,
los “expertos” (quieren comisión de expertos y no es manga de roteques y
patipelados que llegó a la convención), porque son ellos los expertos,
usted no, yo tampoco, los de la calle no, son ellos, ellos nos salvarán
de la crisis, ellos los “sospechosos de siempre” que hace poco nos
dieron un combo más fuerte que el diputado La Carrera y ahora aparecen
como l
os santos patrones del pueblo… Habrá
que ver mañana, los próximos días, semanas, meses y le aseguro que se
olvidarán de nosotros porque el olvido forma parte del ser político,
está en la esencia, las palabras de campaña no fueron más que un
eslogan…

Triste,
pero cierto y si no me cree sólo piense en la promesa de campañas de
terminar con el pago de favores y amiguismos y ahí están: sonrientes,
olvidadizos, contentos… Para todos, como siempre, un abrazo.

P.D: menos para los asquerosos sospechosos de siempre que actúan sin consecuencia ni convicción.

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