Los tiempos políticos extremadamente aletargados

La
política chilena sigue dormida. Tras una fracasada campaña a favor de
aprobar la última propuesta constitucional, a la vez de una perezosa
defensa del rechazo, el estado de hastío hacia la política por sus
excesos de protagonismos y falta de capacidad de acuerdos mantienen al
grueso de la ciudadanía molesta, sobre todo decepcionada. Personeros que
se repiten constantemente en medios, defendiendo sus pensamientos
marcados por la polarización y el fanatismo, sin dar una propuesta que
alcance un equilibrio, que permita un desarrollo para todos.

Palta
Meléndez, reconocido humorista político ahora viviendo en España,
expresa muy bien el ambiente nacional. Según él ya no existen las
condiciones para hacer humor político por los extremos. Enfatiza con
humor un centro político como respuesta “… Hoy yo soy extremista, soy de
extremo centro. Ese es mi ideal, porque me aburrí de la izquierda o de
la derecha. El péndulo tiene que estar al medio, sacar lo mejor de la
izquierda, sacar lo mejor de la derecha, sentarnos a negociar y ponernos
todos de acuerdo…”

Al
igual que Palta Meléndez, es un hecho que existen muchos chilenos de
tendencia moderada, que para la aprobación constitucional seguramente no
tenían idea que hacer, si votar a favor o en contra, o hacer una raya
de arriba hacia abajo. No los culpo, en virtud de la defensa de
intereses particulares, con la falta o mínima dirección de las
instituciones políticas, las continuas faltas de acuerdos y las
mezquindades que nos llevan a los extremos. Agravaba la decisión el
gobierno adolescente que hasta el momento sigue improvisando y que sólo
los salva los partidos políticos que tienen mayor expertíz.

La
política gubernamental al final la llevan estos políticos pipiolos, que
no saben cómo dirigir, que aún no han aprendido hacer política o al
menos en forma seria y responsable. Sin lugar a dudas, aún creen que
están en la FECH y la FEUCH.

Sin
embargo, la política universitaria es totalmente distinta a dirigir un
gobierno. Hacer paros, protestas, negociaciones, reuniones muchas veces
interminables con rectores, académicos o decanos para que no cierren una
carrera, para bajar el arancel o pedir mejor infraestructura, no es lo
mismo que manejar las obras públicas, la economía, la seguridad, la
salud, la diplomacia de un país. Es una cosa totalmente distinta y eso
ha quedado evidenciado desde todos los sectores políticos, salvo el
Frente Amplio que todavía no lo comprende. Seguramente van aseverar con
la cabeza, porque reconocen que los zapatos son difíciles de llenar.

Frente
a este escenario populista planteado por el poder ejecutivo, que
contagia de esos intereses particulares a otros poderes, de la
dispersión ideológica o de la sensación que políticamente el país está
paralizado, que ganara el apruebo o el rechazo técnicamente daba lo
mismo. Porque los problemas no van a tener solución en el corto, mediano
o largo plazo, sumiendo a la ciudadanía en ese profundo estado de
somnolencia.

No
podemos exigir a la coalición adolescente que madure, eso ocurrirá con
los contratiempos o abiertamente al final de su gobierno, tal vez
después de un largo tiempo siendo oposición. Por el contrario, sí le
podemos demandar que despierten del aletargamiento a todos los demás
sectores políticos que sí tienen la experiencia, que tienen gente que
sabe lo que es esto, que llevan años trabajando y que también se han
visto contagiados por el excesivo idealismo, o más bien, por la inercia o
por las ganas de no hacer nada.

Entonces,
como se dice vulgarmente hay que avisparse, porque literalmente está
sensación de que todo da lo mismo se está profundizando en cada aspecto.
Lamentablemente no se queda solo en indolencia política, sino que se
manifiesta en la economía, en la seguridad, en la cotidianidad y en la
disolución absoluta del sistema.

El
sistema político se transformó en la antigua fundación Ventanas, donde
todo el material se está derritiendo continuamente, y la discusión
también. Continuar luchando por una nueva constitución es ridículo, la
actual constitución que nos rige con el tiempo se va a fundir sola por
causa de los comportamientos de los actores que dirigen nuestras vidas.
Eso es lo que está pasando y no se ve ninguna reacción al respecto.

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