Luces y sombras de la Casen en Magallanes

Como
bien saben los navegantes legendarios de estos mares del fin del mundo:
se requiere de faros claros y luminosos para llegar a buen puerto.

Los
positivos resultados de la recién aparecida encuesta Casen, cuyos
detalles seguirán desgranándose con entregas de datos por cada región
hasta fin de año, no son tan iluminadores como se requiere para
visibilizar y enfrentar la pobreza y la vulnerabilidad.

La
misma opinión pública se muestra sorprendida con los buenos
indicadores, cuando la miseria es visible en muchos rincones de ciudades
y campos. Y varios expertos serios y avezados en el tema están
manifestando dudas sobre los resultados al punto de afirmar que pudiera
ameritar una revisión de la metodología con que se está midiendo la
pobreza en Chile.

Que
la pobreza por ingresos a nivel nacional haya pasado 10,7% a 6,5% es
una muy buena noticia, así fue enunciada y recibida. Pero estos buenos
indicadores no se condicen con realidades que son tan urgentes como
indignantes.

Por
lo pronto, la encuesta no considera a las personas en situación de
calle, porque se hace en hogares, a familias con domicilio conocido. Y
no hay que ser un gran observador para darse cuenta de cómo se ha
incrementado el número de hombres y mujeres viviendo a la intemperie.

Si
bien Magallanes y Antártica Chilena es la región del país con menores
porcentajes en incidencia de la pobreza medida por ingresos con un 3,4%,
este resultado debe ser motivo de preocupación, porque en nuestra
región se rompe la tendencia del país a la disminución de la pobreza de
las últimas décadas. Pre-pandemia, en los datos de la Casen 2017 había
sólo un 2% versus el 3,4 % de 2022. Lo mismo sucede en el caso de
pobreza extrema: de 0,7% en 2017 aumentamos a un 1%.

Cuando
hemos pasado días de nevazones severas, tormentas, bajas de temperatura
históricas, ver la realidad cotidiana de los que menos tienen en
Magallanes, afectados además por el alza del costo de la vida, el
aislamiento, la escasa oferta disponible de casas y la carestía de los
arriendos, no permite celebrar las buenas nuevas de la Casen 2022.

Son
condiciones de precariedad extrema que no pueden ni deben observarse
con los parámetros nacionales, puesto que pese a un avance nominal de
los indicadores de pobreza, en la práctica muchos magallánicos y
magallánicas continúan padeciendo una situación de vida que nos indigna y
nos empuja a levantar alertas sobre cómo estamos mirando la pobreza. En
especial si aspiramos a hacer de Chile un país más inclusivo, justo y
solidario.

 

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